Lo había hecho, no de la forma que ensayé, pero sí que se lo dije sin dar muchas vueltas. Le pedí a Emilia que se escapase conmigo, a cualquier parte del mundo. También me preparo mentalmente para sus risas despectivas o sus miradas de que trataba con un inestable mental, sin embargo, en lugar de eso, su lenguaje corporal es distinto. A pesar de que estamos en una habitación con aire acondicionado, muy fresca para la temperatura de afuera, su cuello se nota sudoroso. Por igual, su pecho sube y baja más acelerado que antes de darle mi propuesta. Ni hablar de su expresión de desconcierto. No es que le haya dado risa mi propuesta, es que simplemente la puso nerviosa. En exceso diría yo. —Qué poco racional suenas — lucha por decir con compostura. —Poco racional sería si no tuviese un plan

