Cuando Camila salió del hospital se encontró con la elegante figura de Marco Cipriani esperando junto al automóvil que los trasladaría hasta el lugar dónde almorzaría con él, desde la mañana y a medida que se acercaba la hora de terminar su turno, se sentía ansiosa por ese encuentro. Ese hombre tenía una gran señal de alerta sobre él y ella no podía ignorar la sensación que le producía su imponente presencia, caminó hacia él y sabía que, tras sus gafas oscuras, estaba recorriéndola de pies a cabeza con sus zafiros. Extendió la mano para saludarla y cuando ella posó la suya en la de él, Marco se inclinó y le dio un beso en el dorso, que a ella se le antojó que escondía una insinuación porque podía jurar que sintió su lengua. Retiró su mano antes de que él percibiera el estremecimiento que

