Apenas Marco vio entrar a la doctora Hernández supo a qué iba, lucía preciosa con una falda entallada a su figura y una blusa de tela suave que se adhería a sus turgentes senos, le secó la garganta su imagen, pero luego de decirle algo a su hijo sobre su futura revisión, se plantó frente a él, extendió su mano y le devolvió el estuche de terciopelo que había adjuntado al ramo de rosas. Ella era distinta, definitivamente era una mujer diferente a las que podría tener con una joya menos costosa que la que pretendió darle a ella. Era una mujer que valía la pena perseguir e insistir para obtener su atención, sin embargo, no tenía tiempo para hacer el papel de conquistador, no era su intención ir más allá con la doctora, solo quería una noche que presentía ardiente y ella esperaba un caballe

