HARPER Después de darle tantas vueltas al asunto, de meditarlo toda la noche, finalmente tomé una decisión. Melisa me miraba con los ojos agrandados, sin parpadear y la boca entreabierta. Moví la mano frente a su cara. —Oye, tampoco es para tanto. Melisa pestañeó por fin, y enseguida se inclinó hacia mí agarrando mis hombros. —¿Qué no es para tanto? —habló con un tono dramático—. Mi mejor amiga desaparece por todo un día y no viene a la universidad. De todas las llamadas y mensajes que le envie solo responde con uno diciendo: “no te preocupes estoy bien” y hoy reaparece pidiéndome ¡consejos de sexo! Le cubrí la boca con ambas manos. —Melisa, no hables tan fuerte —susurré, revisando que nadie nos hubiera escuchado. Por suerte, las gradas del campus estaban vacías, solo hay dos chico

