HARPER Después de la muerte de mi hermana, mis padres estuvieron a punto de divorciarse. Ya no se entendían; las pocas veces que papá estaba en casa, solo discutían por su ausencia o por el cambio drástico de mi madre. Recuerdo que en medio de una discusión, mi padre le dijo: “—Te has vuelto una mujer dura, insensible, hasta déspota. Siento que estoy casado con una desconocida. Y ella le respondió: —Entonces no deberíamos estar casados.” Eso fue unos pocos días después del accidente donde papá atropelló a mi hermano. Mamá había hecho un comentario horrible acerca de ello y papá explotó finalmente. Muchas veces quise decirle todo, lo intenté. Pero no era solo mi miedo a que me odiara igual o más de lo que me odia mamá lo que me detenía. También me detenía el hecho de saber que si pap

