DANTE El humo se deshacía en el aire igual que mi paciencia. Le di otra calada profunda al cigarro y solté la colilla, dejándola caer al lado de las otras tres que yacían frías y negras en el piso. Me acomodé sobre el capó de mi auto, saqué otro cigarro de la caja mientras observaba la mansión frente a mí. Tenía un diseño clásico, igual que las demás en esta cuadra. La típica casa de Bel-Air. Paredes blancas, tejados de terracota, nunca más de tres pisos, por supuesto, como si con uno dijeras ser muy pobre y con cuatro estuvieras atentando contra “el buen gusto”. Grandes ventanales de cristal, lo suficiente para que todos envidien el lujo de adentro, pero no tan claros como para dejar ver los secretos podridos que esconden. Puerta principal de madera oscura, porche con columnas de mármo

