HARPER La luz del ascensor se volvió más blanca. Mis manos temblaban tanto que apenas lograba sostener mi cartera mientras me aferraba al barandal lateral. Todo parecía girar a mi alrededor. Alcancé a ver las puertas abriéndose; quería salir, pero mis pies parecían estar clavados al piso. Luego, solo sentí unos brazos que me levantaron y me cargaron fácilmente. Cerré los ojos un momento, cegada por las luces en el techo. Empecé a escuchar voces y pasos, cada vez más fuertes y claros. Abrí los ojos al sentir la silla en la que me dejaron sentada con cuidado. —Harper… ¿Harper, estás bien? Pestañeé lentamente al escuchar esa voz familiar, intentando enfocar mi mirada y controlar la respiración. —¿Grace?... —mi voz fue apenas un susurro. —Sí, mi niña, soy yo —contestó ella con esa voz

