CAPÍTULO 6: INFELIZ VIDA, INFELIZ KYLE

1349 Words
*Alejandra* —¿Por qué no me dices de una maldita vez que la perra de tu madre te ha comprometido con ella? Las lágrimas son como pequeñas chispas de fuego que queman mi rostro. El enojo que recorre mi cuerpo no me permite pensar con claridad; sólo quiero sacarme de adentro toda esta puta desdicha que estoy sintiendo. —No me hables así, Alejandra, no tienes derecho a reclamar nada, y mucho menos a exigir una explicación. A mi madre la respetas -sus dedos están apretando mi muñeca con mucha fuerza, pero él no se inmuta ni deja de hacerlo. —Kyle... ¿te casarás con ella? Mi voz se rompe al formular esa pregunta. Sé que su respuesta me dañará más que sus malditos golpes. —Eso no es de tu incumbencia. Tú solo debes estar cuando yo te necesite. No mandas sobre mí, eres una mujer que lo único que ha sabido hacer en su puta vida es llorar. Suelta mis muñecas, rojas por la presión ejercida sobre ellas. Sus palabras son como puñaladas en mi pecho, que lastiman cada parte de mí. —Tienes razón, no es de mi maldita incumbencia; porque no somos nada, gracias a todos los dioses. También sé que soy tu objeto. Y si llorar es lo único que he sabido hacer en mi puta vida, se debe a lo miserable que tú me la haces. Recojo el sobre que le venía a mostrar de la ecografía que me han hecho. Dos meses es el tiempo que tengo, el bebé es sólo una manchita, pero lo suficientemente grande como para ser mi ancla. Salgo del despacho para ir a la habitación pero mis planes son interrumpidos cuando me encuentro en la sala con la madre de Kyle. —¡Oh, Querida! Lamento que te hayas enterado así. —sus palabras son tan falsas como el pastel que hizo para el cumpleaños de Kyle el año pasado. Esta mujer es una perra con letras mayúsculas. Desde que se mudó a la ciudad, las cenas organizadas con motivo de alguna celebración son el mismísimo infierno, principalmente a causa de sus jodidos e innumerables intentos de humillarme. —Tranquila, María, me has hecho un favor. Por más que siento que me derrumbo ante esta perra, jamás se lo demuestro, aun cuando su presencia hace que una nueva y desconocida versión de mí aflore a la superficie. Una versión que no hace más que sentirse irritada por tenerla cerca. —Pues no lo parecía, ya sabes, por tus gritos como perra en celo. —Sé que tú sabes muy bien cuáles son esos gritos porque los conoces mejor que yo, gracias a tu experiencia como perra. Pero no te preocupes, que me encanta actuar, querida. Ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer. No dejo que diga nada más y subo a mi habitación. —Maldita vida, Maldito Kyle -digo al aire, y me tumbo en la cama. ***** Después de haberme quedado dormida maldiciendo a Kyle y a mi vida, escucho que llaman a la puerta y, con toda la pereza y enojo que sigo sintiendo, voy a abrirla. —¿Qué haces tú aquí? Miro de arriba abajo a quien resulta ser Valeria. Con sólo verla me dan ganas de vomitar. Detrás de esa cara de monja se esconde el diablo en persona. Podrá engañar a toda la ciudad pero no a mí; aunque no juzgo sin saber bien aún qué es lo que está ocurriendo. —Sólo quería pedirte disculpas por cómo María te ha tratado. No sé qué relación tengas con Kyle, pero, si hay algo entre ustedes, yo no quiero ser la causante de su rompimiento. Su semblante cambia a medida que va hablando. Sus ojos verdes tienen un brillo potente que podría verse incluso en plena oscuridad. Sin embargo, algo que he aprendido durante estos últimos años, es que no se puede confiar ni en una mosca. —Mira... En primera, Kyle y yo no somos nada; y no quiero tus disculpas hipócritas, ¿entendiste? Mis palabras están hechas de puro veneno, pero no me importa que le afecten. Sé muy bien que viene a mí como cuchilla afilada enviada por la perra de María. —Lo único que pretendía era ser amable contigo. En serio, no quiero que nos llevemos mal. Eres unos años menor que yo, pero sé que podemos llegar a congeniar muy bien. —Claro, la amante y la esposa bebiendo el té. Me parece una idea fantástica —menciono con sarcasmo, pasando junto a ella. —Sé que suena raro, sin embargo creo que debemos conocernos. Quizás en unos meses podremos llevarnos bien. Maldita sea, esta mujer no entiende que no quiero ni hablarle y ya está planeando que seamos mejores amigas. Tal vez la tipa está loca. ¿Quién en su sano juicio se casaría con alguien que tiene cautiva a alguien y que en ocasiones goza de sus placeres? Si hasta parece que esta mujer está más loca que Kyle. —Mira, Valeria, te voy a aclarar algo, y si te ofendes me da igual: no me interesa tu puta amistad. Por mí, te la puedes meter en donde mejor te quepa. Y, créeme, no tengo nada con Kyle. De hecho, me estás haciendo un enorme favor al casarte con él. ***** Bajo las escaleras y voy hasta la cocina, donde Amara (quien hoy me ha acompañado al control) prepara la cena. ¡Dios! Nunca me había sentido tan feliz en mi vida. Escuchar los latidos del corazoncito de mi bebé, pequeños pero llenos de vida, es como sentir el mundo a tus pies. Amara lloró un poco; yo, mucho más. Cuando quise mostrarle la ecografía a Kyle (aunque a él no le importara, no perdía nada con hacerlo), todo resultó un asco, pues fue el momento en el que me encontré con Valeria y la perra de María charlando muy tranquilamente acerca de un compromiso. Bueno, no cualquier compromiso, sino el de Kyle con Valeria. Creo que haber escuchado eso hizo que una parte muy retorcida de mí sintiera celos. Las pocas veces que he visto a Valeria ha sido en los casinos de Kyle, cuando él decide que ella sea su acompañante en alguna de sus reuniones o fiestas en la casa. Ella es hija del empresario más famoso de la cuidad, quien también está con la mafia, pero como todo lo oculta el sucio dinero, nadie sabe nada. Valeria es una mujer extremadamente exótica, no voy a negarlo. Su personalidad es como la de una niña inocente, amable, cariñosa, responsable. Dios, ya ni sé cómo es... De lo que estoy segura es que detrás de todo eso es el demonio, nunca he confiado en ella, y mucho menos cuando trata a María. —¿Qué tienes? Amara deja de picar las frutas y dirige toda su atención hacia mí. —¿Qué te hace pensar que me pasa algo, Amara? -pregunto con una sonrisa que no refleja más que tristeza. —Pues... Tu rostro está pálido, aunque eso es normal ahora. También me enteré de lo que pasó esta tarde —me guiña su ojo y sigue con las frutas. Robo un pedacito de piña y me lo llevo a la boca. —Amara, ¿tú crees en esa carita de monja que tiene Valeria? —Mi niña, no te puedo dar una respuesta a eso. No conozco muy bien a esa muchacha, aunque ahora que vivirá aquí la conoceremos mejor antes de juzgarla. Perfecto. Todos están encantados con ella. "Tus celos te van a matar", me digo a mí misma. Mierda, sí tengo celos de ella. Es la mujer con la que Kyle se casará. ¿La querrá o la irá tratar igual que a mí? Son tantas las preguntas que dan vueltas por mi cabeza. Debería estar feliz. Tal vez al casarse con ella, Kyle me dejará ir y vivir en paz con mi bebé. No me importa su apoyo; pero, como ya dije, esa parte retorcida de mí se está muriendo, rogando que no se case.
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