– Se te está haciendo una jodida costumbre – me regaña Viktor en el auto mientras yo intento maquillarme sin hacer un desastre debido a lo rápido que maneja. – No es mi culpa, fuiste tú – me quejo aun cuando en realidad quiero reír. – No, no fue mi maldita culpa, es la tuya y la de tu coño caliente – me volteo y le doy un pellizco – ¿Qué mierda haces? Suéltame, me duele – claro que no lo hace, estoy viéndolo sonreír. – No digas palabras malsonantes, son malas, dios te castigará – veo como abre la boca, pero duda y termina riendo flojito. Amo cuando se ríe. – Solo porque te respeto, no diré la mierda que pensé – y, sin embargo, yo creo que puedo hacerme una idea de lo que pasó por su cabeza. Suelto una risita por eso. Él en serio tiene un vocabulario muy colorido. – Y volviendo al tem

