– ¿Tienes que ir a trabajar? – pregunto luego de varios besos y largas teorías mías sobre cualquier cosa. Me gusta eso de que cuando hablo muchísimo sobre cualquier cosa que se me pasa por la cabeza hasta que lo canso, me sostiene y me termina besándome tantísimo que me roba el aire y nubla tanto la cabeza que olvidé lo que estaba diciendo. Creo que leeré más solo para tener más cosas de las que hablarle para que me calle así. – No, iré a la casona – según tengo entendido, es como se refiere a esa casa grandota a la que me llevó cuando me salvó de que me aplastara un carro. – ¿Vives ahí? – con una mueca asiente. Empiezo a acariciar su frente intentando que deje de arrugarla. Se ve mayor de lo que es de tanto tener el ceño fruncido. – Cuando acabe la mierda con Petrov me mudaré, pero i

