ELIANA Me senté en el sillón de la sala, aún tambaleándome por todo lo que acababa de ocurrir frente a mí. Era difícil no sentirse perturbado, y aún más difícil ver a Denver envolver el cuerpo pálido y sin vida de Carys en una bolsa. Él lo arrastró hasta el sótano y a través de la habitación hasta llegar afuera. Una lágrima cayó por mi mejilla cuando mi nana se acercó lentamente a mí. —No quería que ella muriera. —Hubo un quiebre en mi voz y un asentimiento que ella me devolvió. —Lo sé —susurró nana. —No tenía que ser así. Su única ofensa era estar poseída. —Ella estaba tratando de matarte —dijo nana con firmeza. Denver me había dicho exactamente esas palabras. Incluso tuvo que gritarlas en mis oídos repetidamente para que se registraran en mi cerebro. Además, lo de la maldición er

