Todo lo que nos sucede, incluso nuestras humillaciones,
nuestras desgracias, nuestras vergüenzas, todo nos es dado como
materia prima, como barro, para que podamos dar forma a nuestro arte.
Jorge Luis Borges
El sol brillaba en gran manera, ya se había instalado en el centro del firmamento como el dueño indiscutido que era de todo. Las personas en las calles seguían con sus vidas, ajenas, cada una de ellas, de que el otro, aquel que caminaba a su lado, siquiera existía. Y es que a eso se había reducido la humanidad, a vivir, cada uno en su microcosmos, olvidado de lo que pudiera ocurrir a su alrededor.
Siobhan estaba en su triste cama de hospital, pero ella no estaba en absoluto afligida por lo que estaba ocurriendo, muy por el contrario, se sentía feliz. No había en ella ni un ápice de nostalgia por el pasado, ninguna sensación de pérdida por lo que había dejado atrás.
“Bien, ahora soy la desdichada hija biológica de la familia, aquella que fue perdida en el campo cuando solo tenía dos años y que encontraron recién hace dos años, o sea, 18 años después. Increíble…una familia extremadamente rica, pero que no puede dar con el paradero de una niña a la que ellos mismos dejaron atrás tras un paseo familiar. Siobhan nunca fue secuestrada, ella nunca fue ocultada por nadie, simplemente, esa familia no la buscó como debía…”
El pensamiento de la mujer que ahora ocupaba el cuerpo de Siobhan era muy aleatorio, viajaba desde sus propias experiencias vitales hacia la vida decadente de esta joven que solo sabía humillarse y pedir perdón, aunque no tuviera culpa alguna; y la propia de Marta, como se llamaba en su mundo, una mujer humilde, que había luchado toda su vida por salir adelante y ayudar a los hijos de su hermano menor, para luego morir sola, tendida en la calle tras ser asaltada por un maleante para robarle su teléfono celular.
Sí, definitivamente la vida de Marta no había sido demasiado buena, en su juventud, amó sin reservas, pero fue traicionada y abandonada el día de la boda…y sí, parecía un melodrama, y no de los mejores, según ella misma, pero nunca se dio por vencida, nunca dejó que esa traición la definiera como persona, por el contrario ella siguió siendo trabajadora, amable, amorosa y se brindaba con el corazón completo a sus seres amados, por supuesto que jamás volvió a confiar en los hombre y nunca se enamoró, por eso es que nunca tuvo hijos propios y se dedicó por completo a criar a los de su hermano menor, cuya esposa falleció muy joven.
En ocasiones, cuando se encontraba sola en el interior de su casa, ella buscaba al hombre que se llevó consigo sus sueños, sus deseos, su amor y todo su ser. Lo veía feliz, con su familia, sus hermosos hijos, su casa enorme, su auto de lujo. Pero al observar los ojos de este podía ver el mismo vacío que ella tenía en su interior. Él no se había enamorado de otra mujer, se había enamorado de su dinero y la había abandonado por una vida llena de lujos y abundancia, pero en el fondo, estaba solo, rodeado de todo lo que el dinero pudiera comprar, pero solo.
En uno de esos días en los que Marta se había abandonado a la contemplación de una vida que no fue, es que decidió sacudirse toda esa nostalgia y dolor y salió a tomar un café a su lugar favorito. Es allí donde tomó el libro que alguien más había abandonado y comenzó a leer.
Era una novela, una historia llena de melodrama, en el que la niña sufría todo lo indecible, todas las injusticias posibles en el mundo desde el desprecio de la familia, violaciones, transfusiones constantes de sangre, hasta casi secarla por dentro, donación de órganos, córneas y luego, como un alivio al terrible suplicio, llegaba la muerte salvadora, aquella que la redimiría y con la que se vería, al fin, la verdadera cara de la hija adoptiva, aquella a la que la familia le daba todo, a la que amaba y cuidaba como el tesoro más preciado. Era en ese momento, en el que cobraban venganza en nombre de la desdichada, pero ¿de qué servía todo eso? Ya que la joven había muerto no había manera de que ella viera el derrocamiento de la malvada.
Marta no podía creer que se escribieran historias así, las mujeres sufrían tanto en nombre del amor, ya sea familiar o de pareja y solo obtenían desprecios y humillaciones.
“Bueno…soy la hija que encontraron hace dos años, desde que llegué me han tratado muy mal… siempre he sido enmarcada por la intrigante Nanci, y ahora casi muero cuando ella quería, una vez más, demostrar a quién amaban verdaderamente los Reyes, y por supuesto él, Alexander Belmont, el hombre al que Siobhan, o sea, yo idolatro desde hace años. El hombre que me ayudó en algún momento de mi vida comprando mis últimas frutas, lo que me ayudó a juntar el dinero necesario para llevar a mi madre adoptiva al hospital, lamentablemente la mamá no sobrevivió…pero fue en ese hospital que los Reyes me encontraron, y me trajeron de vuelta a la familia”.
“Esa es mi historia como Siobhan…esta soy yo ahora y voy a vivir al máximo esta nueva oportunidad, no dejaré que esa malvada familia se me acerque nuevamente y claro que me mantendré alejada de ese inefable Alexander Belmont, un hombre que no la merece en absoluto, no importa cuánto la anciana Belmont quiera que él se case conmigo, yo no cederé como la otra Siobhan, yo voy a ser la dueña de mi vida y el artífice de mi propio destino. Nunca más dejaré que nadie me controle”.
En ese momento una llamada de un número desconocido ingresó en su teléfono.
_ Siobhan…amiga ¿Te encuentras bien? _ la voz de una joven sonó del otro lado.
Hubo unos minutos de silencio, en lo que la joven pensó en qué contestar, intentaba recordar y, sin embargo, como por arte de magia, las palabras, más que nada los nombres, vinieron a su mente.
_ ¡Marga! … ¡Mi Marga! _ gritó eufórica de alegría al encontrar un ser humano en ese mundo que la quisiera y se preocupara por ella _ Estoy bien…ahora, claro que me duele todo…pero eso no es importante…necesito que vengas a buscarme tengo mucho que contarte _ era hora de salir de ese lugar y comenzar a desarrollar su propia existencia tal y como a ella le gustaba.
Siobhan entrecerró los ojos recordando algo, o más bien, sintiendo que la anterior Siobhan le decía algo, le mostraba algunas cosas, y esta vez no eran relacionadas con su familia o no directamente, sino con ella misma.
“Claro, es obvio…esta es una novela y en las novelas siempre las cosas son de esta manera. Hay Siobhan, ¿por qué fuiste tan tonta? ¿Por qué las protagonistas de estas historias son tan tontas?”.