Capítulo 10

1299 Words
"Las pasiones no se eligen, y los disfraces no engañan a quienes se reconocen en el espejo." Alejandra Pizarnik _ ¡Maldita sea! ¿Qué me ocurre? _ gruñía Alexander Belmont desesperado al ver las imágenes de Siobhan en el restaurant. Es que, en las fotos, no se veía el rostro de Marga y él pensaba que se trataba de un hombre, lo que lo tenía loco por dos motivos opuestos y contradictorios. En primer lugar, se sentía furioso por verla con un hombre. Sentía que ya no quería casarse con él porque había encontrado a otro tonto a quien agarrar. En segundo lugar, aunque muy relacionado con el primero, estaba furioso de sentirse molesto por verla con otro hombre. El empresario de 33 años no lograba entender a su propia mente. Siempre se había caracterizado por no expresar emoción alguna, en realidad es un hombre que, como ya se ha dicho, carece de ellas. Esa es la razón por la que ahora está tan enfadado, siente que se ha descontrolado un mundo que él mantenía en absoluto equilibrio. _ Señor…llegó la invitación para la gala de la empresa “Trascender” _ dijo Camilo, su asistente, ingresando a la oficina. El joven trabajador veía, con espanto, a su jefe. Nunca se comportó así, y ahora no parecía él mismo. Algo no cuadraba en su comportamiento. Definitivamente, ese que tenía frente a sí, no era su jefe. _ Mmm…es interesante, tal parece que la cabeza detrás de esa compañía saldrá a la luz. Quizá ahora si quieran colaborar con nosotros, hay que preparar nuestro proyecto para tenerlo listo. Se lo volveremos a presentar _ el nunca verborreico Alexander, ahora disparaba un sinnúmero de palabras a la vez. _ Ahora mismo señor _ contestó Camilo, todos sabían que una orden de su jefe se cumplía de inmediato. El joven, de 25 años, llevaba ya 3 trabajando para la corporación Belmont, la más importante de la Ciudad, y quizá de ese sector del continente. Manejaba diferentes rubros, pero los hoteles eran su negocio más importante. Ahora buscaba que “Trascender” diseñara un sistema exclusivo de seguridad para sus hoteles. En esa mañana de jueves, toda familia rica de Ciudad Blanca había recibido la misma invitación. La curiosidad era el común denominador de toda la socialité del lugar. Conocer a las grandes mentes tras esa empresa era algo que todos querían hacer y nadie pensaba quedarse fuera del evento. _ Mami… no tengo nada que ponerme _ en cuanto los Reyes supieron del evento comenzaron a prepararse para asistir. Ellos, como muchos otros, querían hacer negocios, aunque su rubro no eran los hoteles o las propiedades, sino los alimentos, creían que optimizar su producción, a través de nuevos programas informáticos era indispensable, y tal parecía que esa empresa era la indicada. La razón fundamental por la que nadie había podido hacer negocios con la nueva compañía de tecnología es que sus propietarios solo creaban aplicaciones y programas para individuos y no para empresas. La excusa era que sus propietarios no se encontraban en el país y no querían que nadie negociara por ellos. Extraño por demás, considerando que se podría haber hecho por videoconferencia, pero todos lo creyeron sin dudar. Ahora cada empresa veía posible la relación comercial y algunos ya vislumbraban una posible relación que vaya más allá de lo empresarial, o mejor dicho que ampliara lo empresarial con una unión matrimonial que fortaleciera esas industrias. Claro que el problema con esas especulaciones estaba dado por el hecho de que no se sabía la edad del o los dueños, de lo que sí estaban seguros era de que eran hombres. Generalmente los presidentes de las compañías lo eran, por lo que, por regla, ellos debían serlo. Ahora en la tienda más exclusiva y lujosa de la Ciudad se encontraban, por un lado, Nanci y su madre y por el otro Marga y Siobhan. Todas buscaban vestidos exquisitos que lucir en ese momento tan importante para ellas. Siobhan junto a Marga observando los distintos modelos. Ella estaba elegantemente vestida. Con un atuendo sencillo pero delicado. Lo mismo ocurría con su maquillaje lo que le daba una belleza sobria y encantadora. A eso se le agregaba su aura, sensible, cálida y que expresaba seguridad estilo propio y definido. Todos la observaban atentos a su paso ya que no era habitual ver una mujer como ella, o que expresara lo que ella expresaba tan solo con su caminar. Entre estas personas se encontraba Alexander, quien había sido llamado por Nanci para que la ayude en la difícil tarea de comprar un vestido- o para que lo pague-, después de todo él es su benefactor y siempre se ocupaba de darlo todo lo mejor. Ahora, el hombre, que antes se torturaba por pensar demasiado en esa mujer, quería salir corriendo de allí antes de sucumbir a su aturdimiento y caminar hacia ella. Pero el destino, o la escritura, tiene caminos interesantes. _ ¡Alex! _ se escuchó la voz de Nanci a solo unos pasos de él. “No hay escapatoria” pensó el hombre antes de agachar la cabeza resignado y caminar hacia la joven que lo esperaba con una gran sonrisa. Ella también había visto a Siobhan y sentía que esta era una oportunidad más de demostrarle a quién tenía ese hombre en su corazón. Marga y Siobhan, alertadas por la estridencia del grito supieron que comprar ese vestido no sería tarea sencilla. Pero, decididas a no permitir que nadie arruinara su buen humor continuaron como si nada hubiera ocurrido. _ ¿Qué te parece este vestido? _ Marga sostenía un elegante vestido n***o, cubierto con lentejuelas, ajustado hasta los talones, lo que daba poca capacidad de movimiento. _ parecerás Morticia Adams _ bromeó Siobhan al verla con el vestido en la mano. Ambas niñas rieron por la ocurrencia, aunque Marga no entendió de qué hablaba el solo nombre mencionado le pareció muy cómico. Unos zapatos que tintineaban con velocidad las alertaron sobre el temible acercamiento de un irrisorio enemigo. Al verlos acercarse, la rápida Marga colocó el vestido sobre el cuerpo de Siobhan. _ Sio, este vestido se te verá hermoso, debes probártelo ahora mismo _ aseveró con seriedad la morena. Siobhan, que al principio se desconcertó, luego comprendió muy bien la intención de su amiga por lo que no dudó en seguirle el juego. _ Sí, creo que este es perfecto _ comentó la joven tomando el vestido en sus manos y colocándoselo por encima y observándose en el espejo sonriendo, como si fuera la pieza más hermosa que hubiera visto en su vida _ voy al probador _ dijo luego comenzando a caminar hacia ese sector. _ Oh, Alex, ese era el vestido que quería que vieras. Creo que combinaría muy bien con tu traje n***o _ Nanci, como era su costumbre, hablaba haciendo puchero _ no te preocupes hermana…si tu lo deseas yo… buscaré otro _ ahora además de hacer puchero parecía querer llorar, mientras tomaba un vestido lila con tules, demasiado extravagante para el tipo de evento al que asistiría. _ Siobhan… _ la señora Reyes no tardó en hablar _ ese es el vestido que Nanci había elegido, no puedes querer tomar todo lo que tu hermana tiene _ dijo la mujer con evidente y descarada molestia. _ Mamá…no te preocupes, yo puedo usar otro, si mi hermana es feliz con mi vestido yo se lo dejo a ella _ Nanci hablaba tomando el brazo de la mayor y moviéndolo de un lado al otro. Lo cierto es que la joven quería que Alexander reaccionara como de costumbre: dijera algunas cosas hirientes a Siobhan, le quitara el vestido y se lo entregara a ella. Pero Alexander, mudo testigo de todo lo ocurrido, solo permaneció en silencio.
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