Todo estaba perfectamente decorado para esa noche especial. Un cartel muy grande rezaba el nombre de la empresa “Trascender”, con letras doradas, simulando estar realizadas con oro.
Siobhan y Marga estaban en una de las habitaciones privadas, ellas no pensaban salir hasta que no estuviera el salón abarrotado en personas. Todos aquellos que se consideraban importantes habían asistido a ese gran evento. Nadie quería perderse la oportunidad de conocer a los dueños de semejante empresa, que en tan poco tiempo habían logrado imponerse entre los más importantes del país y que estaba comenzando a imponer su presencia a nivel mundial.
Los Reyes fueron de los primeros en llegar. Nanci aún estaba muy molesta por no haber podido asistir acompañada de Alexander. Su rostro marcaba de manera firme el descontento, aunque sus palabras siempre daban la impresión de lo contrario.
_ Ese Alexander no debería hacerte este tipo de desplantes _ dijo el mayor de los hermanos Reyes molesto de que el empresario no haya tenido la deferencia de pasar por su adorada Nanci.
_ Esta bien hermano _dijo la joven aludida con el rostro repleto de fingida tristeza _ él es un hombre muy ocupado, y tiene sus obligaciones, _ ahora, gruesas gotas amenazaban con caer de sus ojos _ además la abuela no me quiere y…y ella es la que… _ las palabras se quedaron atoradas en su garganta cuando vio como entraba Alexander llevando del brazo a la anciana.
Nanci, que nunca creyó ver a la mujer en ese lugar, apretó con fuerza los puños intentando disimular el odio profundo que fluía por sus poros. En su mente la única que se interponía entre ella y la fortuna de Alexander Belmont era la anciana, si esa mujer desaparecía ella podría ser por fin la única señora Belmont y, en ese momento…una nueva y macabra idea llegó a su cabeza. Si lograba exterminar a la mujer, y de paso hacer a Siobhan responsable de ese crimen, ella estaría terminando con dos pájaros de un solo tiro.
Poco sabía Nanci, que las cosas no eran como ella las pensaba y que muy pronto se daría un gran golpe contra una enorme pared, que no podrá, por nada del mundo, derribar.
Alexander había ingresado llevando del brazo a su abuela. Esa anciana era, en realidad, lo más importante en la vida del empresario, ella lo había terminado de criar, lo había contenido y consolado en los momentos más difíciles de su vida y él no olvidaría nunca esa verdad. Esa era la razón por la que había aceptado casarse con Siobhan, hacer feliz a la anciana era lo más importante.
_ Esta recepción es muy lujosa…tengo mucha intriga por conocer a los dueños de esta empresa tan exitosa _ Carol observaba todo lo que había a su alrededor, ella sabía que la persona o personas detrás de la compañía debía ser alguien muy rico, pero más allá de eso, de muy buen gusto.
_ No lo sé abuela…creo que ese es el motivo de la gala _ respondió Alexander que tenía su vista fija en el frente ya que frente a él podía ver una silueta que con gracia y elegancia se movía de un lado al otro del salón.
La anciana también se había percatado de esta presencia y una sonrisa de genuina alegría se asomó a sus labios. Sonrisa que se borró en cuanto escuchó la voz chillona que habló justo junto a su oído.
_ ¡Abuela! ¡Es una gran alegría verte! _ Nanci se mostraba muy alegre, era, claramente exagerada su manera de saludar a la anciana, que visiblemente se había molestado con la intrusión. Gesto que fue notado por todas las personas que se encontraban cerca de ellos.
_ Señora Belmont _ habló esta vez Ámbar con delicadeza _ es un placer verla… disculpe la exuberancia de mi hija…ella no duda en mostrar su felicidad, es una niña muy dulce, sensata y buena _ las palabras y los gestos de la mujer eran educados y muy refinados, algo que, en ese momento, contrastaba con la actitud infantil de la jovencita a su lado.
_ Creo que la señorita tiene la edad suficiente como para conocer las normas mínimas de la etiqueta _ la respuesta firme y desaprobatoria de la mujer lograron que la tan compuesta Ámbar se mostrara por un momento muy molesta.
_ Abuela…solo es una niña _ dijo Alexander repitiendo, como loro, las palaras dichas por la señora Reyes.
_ Mmm…una niña bastante grande… _ Carol estaba bufando molesta por la infantil defensa _ ser joven no te da derecho a ser mal educada, ella debe comportarse de la manera correcta, después de todo mi Siobhan tienen la misma edad y no actúa así _ la mujer no podía evitar las comparaciones y es que en su corazón ninguna podía igualarse a su niña mimada.
Nanci quiso matar a la anciana en cuanto mencionó ese nombre endemoniado, pero se obligó a callar. Bajó la mirada y comenzó con los pucheros de siempre. Todos los Reyes acudieron a su rescate, en tanto que Alexander, el mayor destinatario de su gran actuación, se distraía buscando a esa enigmática figura que no volvía a aparecer frente a él.
“Estoy loco, esa mujer no puede estar aquí. Ella no cuadra con una celebración de esta clase, después de todo solo es una campesina ignorante ¿quién se atrevería a invitarla?” Auto consolándose con estas palabras, el empresario se dignó a prestarle atención a su salvadora.
_ Nanci…creo que la abuela tiene algo de razón… tienes que comenzar a cuidar los modos cuando te encuentras con las personas de la alta sociedad, recuerda que no todos son buenos ni amables como nosotros y estas acciones pueden ser mal vistas _ Alexander, por primera vez en la vida de Nanci, no había defendido su actitud infantil, sino que la reprendía por ello.
Todos, absolutamente todos, sin excepción quedaron mudos y perplejos con esta simple respuesta. Pero su nivel de asombro llegaría al máximo tan solo segundos después cuando vieran, caminar con elegancia y soltura, a Siobhan junto a Marga.
_ ¡Mi preciosa niña! _ grito emocionada la abuela Carol _ que bueno verte, estos días me tenías muy olvidada _ volvió a decir a viva voz olvidando por completo las normas de clase _ ahora que ya no eres la prometida de Alexander no me visitas a menudo _ su voz ahora había bajado lo suficiente como para no ser escuchada por los que estaban a mayor distancia, pero quien sí escuchó fue Alexander que sintió, en ese momento, que se le paraba el corazón.