En una elegante oficina, del último piso del edificio más lujoso y extravagante de la ciudad (¿Creyeron que sería de otra manera?). Alexander observaba su teléfono con el ceño fruncido. No lograba entender qué era esta novedad de su abuela, pero tampoco le iba a dar demasiada importancia, solo esperaba que no fuera un capricho pasajero y que la anciana realmente hubiera desistido de la idea de casarlo con Siobhan.
Sin darse cuenta el hombre comenzó a pensar en esa mujer desagradable. Había algo que le inquietaba profundamente en los últimos días. Cuando fue al hospital a ver a Nanci, la encontró bastante sana a pesar del terrible accidente que había tenido, en cambio, Siobhan estaba casi muerta. Esta situación no le importó al principio, a decir verdad, hubiera dejado que le drenaran cada gota de sangre si Nanci la necesitaba, pero, el comentario de una enfermera le hizo notar, aunque sin buscarlo, que algo no estaba del todo bien. El estado de salud de ambas contrastaba con lo que todos decían y eso le pareció muy curioso.
Era extraño que Alexander Belmont se tomara, aunque más no sea, unos minutos de su tiempo para pensar en alguna persona que no fuera, Nanci, su salvadora.
En realidad, lo que él sentía por Nanci no era amor, esa palabra no existía su diccionario, nunca consideró la posibilidad de experimentar algo parecido. Si lo pensaba bien -y él jamás pensaba en eso- ni siquiera le atraía, ninguna mujer lo hacía de hecho, llegó a considerar que era gay, ya que nunca se sintió atraído por el sexo opuesto, pero…los hombres tampoco le gustaban.
La presencia, cercanía, o rose, con cualquier mujer le causaba una increíble picazón en todo el cuerpo. Era un desagrado real, físico. Se esforzaba en gran manera para poder estar junto a Nanci, no podía defraudarla ya tenía una deuda vital con ella y a eso se resumía toda la relación que mantenía y mantendría con la joven.
Si se me permite una digresión en este momento, Alexander Belmont era demasiado práctico como para estar considerando relaciones amorosas que, a la larga, solo le complicarían la vida. Por el contrario, prefería tener una esposa obediente, hermosa (en opinión de los demás), en definitiva, un pequeño trofeo que exhibir cuando fuera necesario. A eso se resumiría, por siempre y eternamente, su relación con Nanci.
Mientras este pobre ser se enredaba en sus confusos pensamientos, que le traían una y otra vez a una pálida y desvalida Siobhan, tendida, casi muerta en una cama de hospital, su teléfono vibró por la llegada de un nuevo mensaje.
Sin dudar ni un segundo Alexander tomó su chaqueta y salió directo a la dirección que se le daba en el mensaje.
“Alex…no te olvides de la invitación a cenar, esta noche, en nuestro restaurant favorito”
“—“
Un lujoso restaurant era el escenario perfecto para una hermosa cena familiar. Los Reyes querían celebrar la pronta recuperación de su princesa tras el terrible atentado que había puesto en grave peligro su vida -nótese el sarcasmo-, y por supuesto que el eterno enamorado no podía faltar.
La mejor mesa había sido reservada, en pocos minutos todos estaban allí y solo faltaba Alexander, quien estaba a punto de arribar. La conversación era animada y variada, entre los temas se encontraban los negocios, siempre importantes, el próximo lanzamiento de la industria Reyes, el cumpleaños, también próximo de Nanci y, si tenían suerte, el futuro compromiso entre la familia Reyes y Belmont.
_ Hija…serás la novia más hermosa del mundo _ dijo la señora Reyes acariciando dulcemente la mano de Nanci.
_ No lo sé mamá…la abuela quiere que sea Siobhan quien se case con Alex _ la tristeza se reflejaba en su mirada, sus acuosos ojos ya comenzaban a derramar lágrimas _ yo…no quiero lastimar a mi hermana _ agregó soltando más lágrimas aún _ ella ya me odia demasiado, si yo le quito a Alexander, de seguro que nunca me perdonará.
Todos los presentes la miraban de manera lastimera, la consideración general es que ella era demasiado buena, un corazón tan noble y puro como el suyo no se merecía el maltrato que recibía de parte de esa viciosa y desalmada. Claro que no se podía esperar otra cosa de parte de un paleto de campo. Cada uno y todos ellos solo pensaban en una cosa, nunca deberían de haber reconocido a Siobhan, después de todo ellos ya tenían a su princesa, no necesitaban de esa hija malvada. Era evidente que ser criada en el campo, lejos de la cultura y refinamiento la había convertido en un ser despreciable.
_ Hija… _ la autorizada voz de Hugo Reyes, el padre, irrumpió en la escena _ mi princesa, no pienses en esa desagradecida de Siobhan, esa mocosa debería de besar el suelo que pisas después de todo lo malo que te ha hecho _ afirmó de forma tajante el hombre que estaba completamente convencido de sus palabras.
Los hermanos de Nanci asentían de manera automática, a todo lo que decía su padre. Ellos estaban absolutamente convencidos de la veracidad de estos hechos y de lo desagradecida que era Siobhan.
_ Buenas noches _ la voz gruesa, desprovista de cualquier emoción de Alexander se escuchó de repente. Era claro que nadie se había dado cuenta de su presencia.
_ ¡Oh! Lo siento Señor Belmont _ se apresuró a saludar el señor Reyes _ nos apena que nos haya escuchado, es que estamos tan enfadados con esa hija desnaturalizada que tenemos _ dijo aún molesto Hugo Reyes.
_ ¿Qué ha hecho ahora? _ la pregunta de Alexander no los sorprendió en lo más mínimo, él compartía con ellos el desprecio por Siobhan.
_ Bu…bueno _ comenzó a balbucear Nanci, quien había tomado la posta en ese momento _ ella…no ha vuelto a casa, yo tengo miedo de que le haya ocurrido algo…que no esté comiendo bien, o que esté en la calle _ ahora hablaba de manera apresurada, como si, mientras más rápido lo dijera más se notaría la preocupación en su vos.
_ Mmmm _ fue la única respuesta de Alexander, lo que llamó la atención de todos, porque, generalmente, esas reuniones se caracterizaban por el repetitivo tema de: hablar mal de Siobhan.
Nanci se preocupó en gran manera, ella esperaba que él hiciera lo de siempre, consolarla, decirle que Siobhan no merece ser su hermana, que jamás se casará con una mujer viciosa como Siobhan, y que solo se casaría con ella ya que ella es la única capaz de ser la Señora Belmont, etc., etc., etc. Pero nada de eso había ocurrido y el momento de redoblar la apuesta había llegado.
_ ¿O quizá? _ comenzó a decir con astucia la mujer. Su tono de voz parecía más angustiado aún, con sus manos corrió a tapar su rostro y, principalmente la boca, como si hubiera cometido un pecado mortal.
_ ¿Qué ocurre hija? ¿Sabes algo de tu hermana que no nos quieres decir? _ ya su madre había mordido, sin mucho esfuerzo, el anzuelo. Nanci observó a Alexander quien seguía, como siempre, imperturbable. Y es que a ese hombre nada lo conmovía en realidad, parecía que tenía un solo gesto facial y que sus músculos estaban petrificados por completo.
_ Bueno…yo la escuché hablando con alguien, le decía que se iría con él _ dijo pareciendo todavía más apenada que hace unos minutos, era definitivamente, la mejor actriz del mundo _ ¿No crees que sería capaz de… serte infiel verdad? _ Nanci había sembrado un pensamiento en la mente de Alexander, y esa pequeña semilla se unía a otras pequeñas semillas que ya atormentaban al hombre y comenzaba a crecer un gran e incomparable árbol de confusiones, engaños y verdades a medias.
El ceño, antes ligeramente fruncido, ahora se había convertido en una deformación completa. ¿Podría ser esa la razón por la que la abuela ahora no quería casarlo con Siobhan? ¿Tendría ella un amante? Sin darse cuenta, una gran molestia se había apoderado del hombre, siempre impasible.
Al, siempre impasible Alexander, se le olvidó un pequeño detalle, ellos no tenían, en realidad, una relación formal, todo se reducía a un deseo, o una exigencia de la abuela, pero que nunca se había concretado.
_ Disculpen…recordé que tengo un pendiente _ de prisa, y sin mirar atrás, el empresario salía de ese restaurante con el rostro ensombrecido, sin reparar siquiera en el hecho de que, precisamente en ese momento, Siobhan entraba al lugar del brazo de ¿un hombre? Sonriente y radiante, como nunca se había visto.