Sentí a Fabio defenderse aun conmigo encima, disparando y golpeando a todo aquel que se le interpusiera pero ya no era dueña de mi cuerpo. Solo podía ver como me iba alejando de todo, dando por finalizada mi vida, dejando atrás mi corazón. No tuve noción de cuanto tiempo paso hasta que me vi envuelta en la calidez de un coche. Fabio se encargo de ver cuan herida estaba y al ver mi estado maldijo e hizo una llamada para luego arrancar a toda velocidad por la carretera. — Estas bien, Mila — acaricio mi rodilla sin despegar la vista al frente y me observo lacónico al no recibir respuesta. — Quedate conmigo. Sentía mi rostro húmedo, ya no sabia si era por la sangre que todavía seguía cayendo o por las lagrimas que no dejaba de derramar. Mi cerebro se negaba a procesar todo lo vivió hace un

