Acaricio el cabello de Aidan tiernamente. Él tiene apoyada su cabeza en mi hombro y con su brazo me rodea el pecho. A pesar de que intenté odiarlo todo este tiempo, nunca dejé de extrañarlo. Y ahora estar así, juntos nuevamente, me llena el corazón. Ese vacío y dolor que tuve todo este tiempo por fin se esfumó. Pero ahora tengo una nueva preocupación.
Las heridas y cicatrices de sus muñecas son nuevas. No me imagino la angustia que debió pasar Aidan este tiempo para dañarse de esa manera a sí mismo. Quiero preguntarle, pero esta no es la ocasión de hacerlo. De todos modos, tenemos mucho tiempo para eso. Ahora solo debemos disfrutar nuestro momento.
-¿No te van a extrañar en tu casa? -me pregunta Aidan.
Tiene razón, no había pensado en eso.
-Mmmhhh... tengo una idea -le digo y tomo mi celular. Busco el contacto de Emily y le escribo un mensaje diciéndole que si alguien pregunta, estoy con ella esta noche. Ella me responde casi de inmediato con varias caritas felices, diciéndome que le doy una oportunidad para poder escaparse y tener una noche romántica con su novia. Genial.
-Si esos hombres se enteran de que estás aquí, quizás hasta me maten -dice Aidan riendo un poco.
-No bromees con eso -le digo con tono serio.
-No es broma -me responde y me mira a los ojos- pero por una última noche contigo, estoy dispuesto a arriesgarme.
Y me besa nuevamente.
No sé qué pensar de todo este asunto, pero mientras tanto me dejo llevar.
-Nadie te va a hacer nada -le aseguro y lo vuelvo a besar.
Nos seguimos besando, como si estos besos se hubieran acumulado durante las últimas semanas. Entonces, Aidan empieza a besarme en la comisura de los labios, luego en la mejilla, después en el cuello y siento como mi rostro se enciende. No solo sus labios están sobre mí, también sus manos están acariciándome el pecho. Se siente muy bien. Pero no es justo.
-Aidan, espera -le digo cuando él empieza a meter su mano bajo mi camisa.
-Ah, lo siento -se disculpa.
-No es por eso -replico. Lo tomo de la cintura, lo pongo de espaldas a la cama y me coloco sobre él- quiero que, por esta vez, pueda ser yo quien te de placer a ti.
Y hago lo mismo que él. Lo beso en la boca, luego la mejilla y finalmente el cuello mientras mis manos acarician su abdomen bajo la playera. No sé cómo se sentirá, pero oigo como que suspira entrecortadamente mientras me toma por los hombros, pero más que para alejarme, es como si él me estuviera afirmando para que no deje de hacer esto.
-¿Te gusta? -le pregunto.
-Sí... no te detengas... -me responde, y el tono suave de su voz me enciende más de lo que hubiera esperado.
Le saco la playera y comienzo a besarlo hacia abajo, pasando entre sus pectorales y luego su estómago, hasta llegar al borde de su pantalón. Siento un bulto endurecido entre sus piernas así que, sin vacilar, desabrocho el botón, pero Aidan coloca sus manos sobre el cierre.
-¿Qué haces? -me dice con voz preocupada.
-¿Te da vergüenza? -le pregunto de vuelta con una pequeña sonrisa.
-Claro que no -me responde con el ceño fruncido- pero... ¿Estás seguro de querer hacer esto?
-Segurísimo -le digo. Entonces él saca sus manos y finalmente puedo bajarle la ropa.
Nunca había visto a un hombre así, desnudo frente a mí, ni con su m*****o excitado tan cerca de mi cara. Pero no me molesta. Además, no es un chico cualquiera, es Aidan. Y a pesar de que mi yo del pasado nunca se hubiera imaginado que alguna vez me encontraría en esta situación, ahora no puedo pensar ni desear otra cosa.
Meto todo eso en mi boca, sin saber bien qué hacer, pero a penas hago ese movimiento, Aidan suelta un pequeño gemido. Espero que sea real. Entonces empiezo a lamerlo y meterlo sacarlo de mi boca, intentando hacer lo mismo que él me hizo a mí como agradecimiento antes de que comenzáramos a salir.
-Raen, para, para -me dice después de pocos minutos, mientras me empuja por los hombros.
Yo lo saco de mi boca y él inmediatamente se tira sobre mí y me besa con desesperación. Abre mi pantalón y empieza a masturbarnos juntos. Entonces soy yo quien suelta unos pocos gemidos y coloco mi mano junto a la de él. Sentir su m*****o junto al mío y su mano con la mía moviéndose al mismo ritmo me excita de sobremanera.
Aidan se sobrecoge y siento un líquido caliente caer sobre mi estómago. Aidan jadea un poco en mi oreja y yo siento el placer desde el fondo de mi ser que sale explosivamente.
Nos quedamos acostados uno junto al otro, mientras nuestras respiraciones se normalizan. Entonces Aidan me abraza por el cuello.
-Perdona si fui algo inexperto -le digo acariciándole el cabello.
-Estuviste perfecto -me responde- nunca había hecho esto.
-¿De verdad? -le pregunto. Cómo puede ser que nunca haya hecho esto si él trabaja teniendo sexo.
-Sé que piensas que es imposible porque, ya sabes, mi trabajo -dice como si realmente me hubiera leído la mente- pero en general yo soy como... mmm... cómo decirlo... una muñeca inflable. Me usan un rato y luego adiós. Entonces nadie se preocupa de que yo disfrute... y nunca lo hago, la verdad.
-¿Nunca, nunca? -me cuesta creer lo que me dice.
-Es que a nadie le importa -me responde- por eso ahora... fue especial para mí.
Entonces esconde su rostro en mi pecho, pero alcanzo a ver que las orejas se le colocan rojas. como cada vez que se ruboriza. Que tierno.
-Para mí también fue especial -le digo en voz baja y vuelve a mirarme.
Ambos nos reímos y nos damos un corto beso.
-Creo que deberíamos limpiar este desastre -dice Aidan y se pone de pie.
-¿Podrías prestarme una camiseta o algo? -le pregunto, ya que la mía está manchada.
-Claro, espera un segundo -me dice y va a buscar a su closet.
Entro al baño y sobre el lavamanos hay un enorme cuchillo. Lo tomo y me fijo que en la punta tiene algo de sangre. Además, la bañera está llena hasta la mitad.
-Aquí tienes, espero que te qued... -pero Aidan no termina su frase, toma el cuchillo de mis manos y va rápidamente a la cocina, dejándolo en el lavaplatos. Y se queda allí, apoyado sobre el mesón y dándome la espalda.
Qué demonios pasó aquí. Por un segundo me enojo y me dan ganas de increparlo, pero decido ir tras él y abrazarlo por la espalda. Aidan se tapa el rostro con las manos y vuelve a llorar.
-Si no hubieras llegado... -dice entre sollozos. Se da vuelta y me abraza también.
-¿Si no hubiera llegado? -susurro, pero él no dice una palabra más. Bueno, no voy a presionarlo más. Es obvio lo que estaba pasando, de todos modos, así que agrego- pero estoy aquí.
-Te quiero tanto -me dice y me besa suavemente en los labios.
Después vamos nuevamente al baño, nos lavamos y cambiamos de ropa.
Cuando nos volvemos a acostar es pasada la media noche, así que nos abrazamos y cerramos los ojos. Aidan se duerme primero, lo sé porque a los pocos minutos su respiración se vuelve y su rostro se relaja, al igual que el resto de su cuerpo.
Me pregunto cuántas noches lloró hasta dormirse. No sabía lo mucho que podía sufrir Aidan, ni a lo que estaba dispuesto para, supuestamente, salvarme. Y yo solo me alejé de él y quise odiarlo. Espero que nunca más crea que no es lo suficiente para estar conmigo. Porque alguien que se sacrifica de esa forma por otra persona no se encuentra en todos lados. Espero poder hacerle entender a Aidan lo valioso y único que es. Y espero poder llegar a ser digno de estar con él.