III. ¿Es coincidencia?

1361 Words
-¡Pero qué es esto! -grita el hombre horrorizado. -Ya, como si nunca hubieras visto un pene -le respondo burlescamente. El tipo me da una bofetada bastante fuerte en la mejilla, que me deja con un dolor punzante, pero ya estoy acostumbrado. Me toco en el lugar y no hay sangre, así que está todo bien.  -Yo no pagué para estar con un hombre -vuelve a gritarme como si yo estuviera sordo.  -Pero lo más bien que lo pasaste mientras te la chupaba ¿eh? Viejo asqueroso.  Él vuelve a levantar la mano, pero esta vez lo esquivo. Me subo los pantalones y salgo rápidamente del dormitorio. Me dirijo hacia Agnes, la dueña del burdel y me escondo tras ella. La mujer me mira y niega con la cabeza, esperando al cliente insatisfecho que viene dando zancadas.  -Exijo que se me devuelva el dinero -dice furioso. -Lo siento, no hay devoluciones -contesta ella sin ningún ápice de miedo.  -Pero este chico no es lo que yo quería -exclama. -Usted mismo lo eligió, señor.  -¡Pero...! -Si usted no tuvo buen ojo, no es culpa de nosotros ni del chico. Usted sabe que aquí tenemos de todo.  El hombre apretó los puños y salió derrotado. -Estos políticos -digo rodando los ojos. -Muéstrame tu cara, Aidan -me dice Agnes. -No es nada -le digo mostrándole la mejilla golpeada, pero ella me sujeta la cara con su mano larga y delgada y observa bien. -Ve a la cocina a ponerte un paño frío. No podemos arruinar tu linda cara. -Está bien, señora -le digo haciendo un saludo tipo militar y me voy.  Al menos con esto tendré libre el resto del día. Cuando llego a la cocina, me encuentro a Danielle y Ethan que están bebiendo un té o algo así, quizás es solo agua. -¡Qué te pasó en la cara! -dice Danielle acercándose a mí.  -Otro cliente confundido, ¿no es así? -se ríe Ethan.  -No es mi culpa ser tan hermoso como una chica -respondo para luego partirme de la risa, pero me arrepiento de inmediato, porque me duele un poco el lugar del golpe. Danielle sonríe y saca ella misma un paño y lo moja para luego colocármelo sobre la mejilla. Ella y Ethan llegaron hace un par de años, pero no vienen a trabajar todos los días. Sé que Danielle tiene un hijo muy pequeño al que cuida su madre mientras ella viene para acá. Ethan está estudiando algo en la Universidad, pero no recuerdo qué es, pero el dinero no le alcanzaba, así que paró en este lugar.  Para entrar en este burdel debes ser sumamente guapo o guapa y tener carisma y simpatía, porque nuestros clientes son de clase alta, como empresarios o políticos que pagan un montón de dinero para acostarse con alguno de nosotros. La edad mínima para entrar a trabajar aquí es de 14 años. Sí, algo turbio, pero es increíble la cantidad de gente poderosa que es pedófila y le gustan los menores. Por suerte para ellos, este lugar existe y es muy discreto. Pero si se supiera lo que pasa en este burdel, muchos altos mandos caerían a la cárcel, por lo bajo. -Lo que es yo, me iré a lavar los dientes, porque se viene la hora feliz -dice Ethan dejando su tazón en el lavaplatos y yéndose. Le decimos la hora feliz al medio día, ya que es cuando más clientes nos llegan.  -Yo también debo irme. No te saques esto y si sientes que se calienta, mójalo de nuevo -me dice Danielle con su tono maternal y sale tras Ethan. Ellos y los demás trabajadores y trabajadoras de aquí son como mi familia. Agnes podría ser algo así como madre, aunque la veo más como una abuela estricta.  Voy al baño para mirarme la cara al espejo. En el camino me cruzo con un par de compañeras más, a las que saludo con la mano.  -Dios, está peor de lo que pensé -digo mirándome al espejo y tocándome con cuidado la mejilla que ahora tiene un color violáceo.  Puedo y no puedo creer que estos viejos calientes me rechacen solo por ser un chico. Bueno, mejor así. De todas formas recibo mi paga aunque el trabajo no esté completo.  De todas formas, ser algo bajito, pelirrojo, lampiño, de cara redondeada, nariz pequeña y estar lleno de pecas me ha ayudado a obtener varios clientes, aunque más de un tercio no se dan cuenta de que en realidad no soy una niña. Pero son los menos los que se arrepienten, incluso después de ver lo que hay en mi entrepierna. Si al final lo único que quieren es meterla en algún agujero y yo tengo uno.  Cuando salgo del baño me encuentro cara a cara con Agnes. -Será mejor que vuelvas a casa por hoy, Aidan -me dice más como una orden que una sugerencia. -Muchas gracias, jefa -le digo con una sonrisa.  Me voy al vestidor y cambio este atuendo provocador por mi ropa de diario. Una sudadera negra y pantalones ajustados del mismo color. Me saco el collar de perro y lo dejo todo en mi locker. Salgo por una puerta trasera y me voy tranquilamente.  El apartamento que alquilo no está lejos. Es pequeño, un studio, como le llaman, que es solo un dormitorio con cocina, un baño y un pequeño armario. En realidad es Agnes quien lo paga, pero yo le pago a ella con mi trabajo. Ella también me da comida, ropa y todo lo que necesite.  Desde que tengo 12 años que estoy a cargo de ella. Antes de eso vivía con mis padres. Una vida simple y feliz hasta que un accidente me los arrebató a ambos. Estuve en el orfanato, pero me escapé y viví en la calle casi dos meses hasta que Agnes me encontró y me llevó con ella. Me cuidó, me alimentó y me vistió. Obviamente había visto mi potencial y a los 14 años me dijo que tenía que pagarle lo que ella había hecho por mí. Y como no tenía otro lugar donde ir, accedí.  Recuerdo que el primer cliente que me eligió pagó una fortuna porque yo era joven y virgen. Esa fue mi primera vez. No fue tan horrible como podría haber sido, aunque tampoco fue la gran maravilla. Ese hombre fue gentil con mi cuerpo, pero nada más. Después me empecé a costumbrar y las demás personas que trabajaban en el burdel me empezaron a dar consejos y así fui mejorando en esto.  Ahora trabajo unas tres o cuatro veces a la semana y el resto del tiempo salgo a caminar o me quedo en casa jugando algo. Obviamente no terminé el colegio, pero sé lo básico. No sé por qué la gente estudia tanto si al final la vida misma es la que más te enseña.  Paso a un minimarket para comprar pan y té. No puedo comer muchos carbohidratos porque debo cuidar la línea, además para facilitar esta clase de trabajo debo comer mucha fibra y tomar mucha agua, pero salirme de vez en cuando no va a matarme.  Mientras estoy esperando en la fila para pagar, en la televisión dan una noticia sobre esta gran compañía multimillonaria que hizo un negocio con otra compañía multimillonaria para ser aún más multimillonarios. Bien por ellos.  Entonces colocan la foto de uno de los empresarios y me parece familiar... por supuesto, ese tipo es el padre de Raen. Vaya, qué suerte la de ese chico. No parecía ser súper millonario. Al menos no era petulante como otros que me han tocado (y que yo he tocado jaja). -Así que Raen Koch, ¿eh? Vaya suerte la mía -me digo con una sonrisa. Casi desvirgo al adolescente más millonario del país. Casi chupo ese m*****o de oro. Casi, casi, casi.  Cuando por fin llego a mi pequeño hogar, me preparo un té y pan tostado con mermelada. Lo como lentamente, disfrutando cada bocado, y luego me vuelvo a colocar un paño frío sobre la mejilla. Bueno, no es la primera vez que me golpean ni tampoco será la última. Ya estoy acostumbrado.
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