Después de un par de semanas ya me siento mucho mejor. El moretón casi ha desaparecido y respirar me duele mucho menos. Raen ha venido a verme casi todos los días y hemos pedido comida china, tailandesa, sushi, tacos y no sé qué más. Nunca había comido tantas cosas nuevas en mi vida. ¡Y nada tenía carne!
Además, él me ayuda a ponerme la crema y a pasar el tiempo mientras estaba en cama. Me sorprendió un poco darme cuenta de que no era lo que yo esperaba. Siendo un niño rico, supuse que no le interesaban las cosas del mundo real, o que solo le importaban sus cosas lujosas, pero no. Estaba al tanto de las noticias y las injusticias del país e incluso criticaba el cómo su padre manejaba sus empresas. Y siempre me escucha con atención, como nunca antes nadie lo había hecho, además de mis padres cuando vivían.
Eso sí, casi nunca hablamos de cosas de mi vida. Ya es suficiente con que sepa que trabajo en un burdel para, además, tener detalles de cómo me convertí en esto. Lo que sí, le he contado sobre mis padres y de mi infancia hasta antes de perderlos. Un par de veces me he puesto triste y Raen me abraza.
-Está bien si quieres llorar -me dice y entonces salto algunas lágrimas para deshacer el nudo en la garganta.
Agnes ya me está insistiendo para que vuelva a trabajar y creo que me siento lo suficientemente bien para aguantar una ronda al día, al menos.
Suena la puerta y abro con ilusión. Raen me saluda y lo dejo entrar. Cierro la puerta tras de mí y ambos nos sentamos sobre mi cama.
-¿Cómo te encuentras hoy? -me pregunta, como siempre.
- Mejor, mucho mejor. Ya casi no me duele nada -aseguro mientras subo el pulgar y le guiño un ojo.
-Genial -responde.
-De hecho... creo que ya debería volver a trabajar -le comento en voz baja.
-Ah -dice él- ¿Estás seguro? No sé si puedas aguantar...
Pero se detiene en seco antes de terminar la frase.
-Sí puedo -le respondo con una sonrisa seductora-. Y también... quería agradecer todo lo que has hecho por mí.
-Ya me has agradecido mucho -me dice. Entonces me acerco un poco más a él y noto que se sonroja un poco.
-Pero no de la forma que debería -le respondo- no de la forma que sé hacerlo mejor.
Me acerco un poco más y le beso la mejilla suavemente. Luego lo miro a los ojos y le beso la otra mejilla. Luego bajo un poco y le beso el cuello. Su respiración comienza a hacerse pesada.
-Aidan... -susurra.
-Sé que no quieres tener sexo, pero ¿me dejarías hacerte sentir bien de otra forma? -le pregunto también en susurro.
Él me mira a los ojos y asiente con la cabeza.
Entonces me arrodillo frente a él y separo sus piernas un poco. Comienzo a frotar su entrepierna con mi mano hasta que siento que se endurece. Entonces le bajo los pantalones y los bóxer hasta los tobillos. Toda su erección está frente a mí, apuntando directamente al cielo. La tomo con una mano y la aprieto suavemente antes de subir y bajarla con ritmo pausado. Miro hacia arriba y Raen tiene los ojos cerrados y sus manos están fuertemente agarradas a mi cubrecama.
-¿Te gusta? -le pregunto en voz baja.
-Sí. Sigue -me responde también en voz baja.
Lo masturbo un poco más con la mano, pero luego empiezo a lamer su m*****o. Raen abre los ojos con sorpresa y abre la boca, dejando salir un corto gemido. Yo le sonrío e introduzco su hombría en mi boca, hasta el fondo. Subo y bajo la cabeza, jugueteando al mismo tiempo con mi lengua. Sus piernas se cierran un poco, chocando con mis hombros, mientras él gime y suspira en voz baja.
Luego de pocos minutos jugueteando con su pene en mi boca y sus testículos en mis manos, siento que Raen está a punto de eyacular, así que lo saco de mi boca y lo masturbo un poco con la mano hasta que eyacula sobre mi camiseta, mientras suelta un gemido ronco. Lo suelto y dejo que recobre el aliento mientras yo voy al baño.
Me saco la camiseta sucia y me enjuago la boca. Además, me lavo cara con agua fría, porque verlo disfrutar de esa manera provocó que yo también me excitara. Nunca me había pasado con ningún cliente y ahora no es el momento de estar caliente. Así que me vuelvo a lavar la cara, mientras distraigo mi pensamiento para volver a la normalidad.
Cuando por fin me calmo, salgo del baño con otra camiseta limpia. Raen ya está vestido nuevamente, pero ahora está de pie junto a la cama.
-Ya no es necesario que sigas viniendo a cuidarme -le digo con una sonrisa.
-Lo sé -responde él.
-Supongo que esta es la despedida, entonces.
-¿Puedo pedirte una última cosa? -me pide Raen.
-Claro, lo que quieras.
Entonces él se acerca y junta sus labios con los míos. Al principio me sorprendo mucho y no sé qué hacer. Pero él me toma gentilmente el rostro con ambas manos mientras me sigue besando. Así que yo lo abrazo.
-Nos vemos, Aidan -me dice al terminar de besarme. Se aleja de mí y sale rápidamente, cerrando la puerta tras de sí, dejándome solo y confundido.
Me siento en la cama y paso un dedo sobre sobre mis labios, aún sintiendo los suyos sobre ellos. Sonrío un poco. No merezco su cariño ni su preocupación, y aún así él lo hace. Teniéndolo todo, eligió besar a un chico que no tiene nada, que vale menos que nada. Quizás para él soy solo un capricho, una rebelión frente a su mundo perfecto... pero no me importa. Si eso permitió que me besara de esta manera, que se preocupara por mí, que fuera tan cálido y amable conmigo, lo acepto todo.
Por este momento perfecto y por todas las veces que vino a cuidarme, siento que puedo morir sabiendo lo que es el cariño de alguien, aunque sea falso. Es más de lo que merezco.
Me acuesto sobre la cama sonriendo como nunca. Estoy muy feliz.