Cici despertó sudoroso, llevaba años sin soñar con la hembra que lo parió, y como siempre que lo hacía, el recuerdo de lo vivido se convertía en la pesadilla de verse caminando entre las sombras que orientaban sus pasos a una puerta que se abría lentamente envolviéndolo en una pesada oscuridad impidiéndole respirar. Una penumbra en la que diversas voces le pedían que los acompañara en el mundo lejano de Maute. Como en las ocasiones anteriores, extendió su mano buscando de donde asirse, cuando al fin creía que lo conseguía el dolor de una mordida y de como la carne era desgarrada lo hacían gritar regresándole a la realidad. Sin embargo, al abrir los ojos se dio cuenta que el sueño había variado, por primera vez logró ver al animal que le agredía, percibió el aroma a hierbas y a azufre pro

