UN AÑO, TRES MESES Y VEINTISIETE DÍAS DESAPARECIDA. Me encuentro en la sala de espera de la oficina del jefe de Gobierno. Fui solicitada el mismo día en que los noticieros trasmitieron mi revelación, pero me doy el lujo de tardar tres días más para atenderlo. La lista de gente que solicita hablar conmigo es larga. Esta vez vengo sola. El hombre me recibe con un semblante endurecido. Su mirada me indica que está furioso. No me invita a sentarme y tampoco lo hace, por el contrario, va hacia la ventana y ahí se queda, inspeccionándome de frente con una postura erguida y desafiante. —Señora Valdés, como se imaginará, después de su numerito, recibí una llamada de arriba. —Eleva la vista—. Supongo que sabe a qué me refiero. Demoro un segundo en responderle: —No, no sé. Dígamelo. Él muestr

