POV MONSERRAT
—NO NO NO, ESO NO ES CIERTO
No puedo evitar gritar, trato de levantarme pero no puedo, estoy amarrada con unos cinturones a una cama fría de metal, al parecer estoy en una sala de quirófano.
—Señora tranquila por favor , por favor.
Pero no hago caso no puedo, no puede ser que mi hijo haya muerto, noooo, noooo noooo
—Digame que es una mentira, mi bebé está aquí en mi vientre, él está bien, el vive, USTED SOLO QUIERO ROBARME A MI BEBÉ, USTED…..
El médico ladra unas órdenes y una enfermera corre con una jeringa y me la clava en el brazo, no sentí nada, mi cuerpo está anestesiado, sigo gritando de dolor, pero de dolor del alma.
—POR FAVOR, POR FAVOR DÍGAME QUÉ ES MENTIRA, MI HIJO ESTA VIVO, SALVELO, SALVELO.
El médico me mira con lástima.
—Señora, le pusieron una pequeña dosis de sedante, necesito que se calme, tenemos que realizarle una cesárea, su bebé murió en su vientre y no podemos dejarlo por más tiempo ahí, le ha provocado una infección y es por eso que usted tiene fiebre, necesito que firme unos papeles de autorización para la cesárea, no hay nadie con usted y no podemos intervenir así nada más.
El sedante está haciendo efecto y me cuerpo se siente muy pesado, aunque no tanto para dormirme.
Mi corazón está hecho pedazos.
—Por favor, quiero ver con mis propios ojos qué mi bebé murió, por favor.
El médico me mira y asiente.
—Esta bien, le haremos un ultrasonido, ahora mismo, aunque ….
—Gracias, gracias doctor .
No tardan en traer una gran equipo, ya le pedí al médico que me libere, pero me dijo que es imposible, me puedo hacer daño, eso es lo que dijo.
El médico comienza a pasar el aparato por mi vientre y veo a mi bebé, pero no hay movimiento, se ve tan distinto a otras veces en qué lo vi a través de una pantalla, me muestra el médico que la bocina está activada, pero nada se escucha, mi hijo está muerto , su corazón no late, no se mueve, no……
Quiero gritar, pero no puedo, quiero levantarme y salir corriendo, quiero arrancarme el corazón pero no puedo ni moverme, lloro en silencio, quisiera que alguien tomara mi mano y me dijera que todo estará bien.
—Señora, tenemos que intervenirla inmediatamente, la infección está avanzando.
Asiento levemente entre sollozos.
Una médica se acerca, me suelta mi mano derecha, me entrega un papel, que se supone tengo que leer, pero no lo hago, solo extiendo la mano, para que me dé el lapicero y firmo como puedo, devuelvo ambas cosas a la mujer y pierdo la noción del tiempo, me mueven para anestesiarme. No sentí nada, el médico me habla, pero no sé qué es lo que dice, yo lloro amargamente.
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero un aroma desagradable llega a mis fosas nasales.
—Pero qué rayos.
Escucho decir al médico. Dicen y hacen cosas que no entiendo, solo siento mucho movimiento en mi vientre. Poco después al parecer la cirugía termino, los médicos y enfermeras comienzan a mover todo.
Una de ellos comienza a desabrochar los cinturones que me mantienen quieta en mi lugar, cuando estoy totalmente libre, me dicen que no me debo mover, me pasan a una camilla y me llevan a una habitación pequeña, me pasan a una cama pequeña y una médica habla conmigo, mentiría si digo que fue lo que me dijo, mi mente está en otro lado, no puedo evitarlo, hasta que escucho, que traerán a mi hijo, para que lo pueda abrazar por primera y última vez, me pregunta si estoy de acuerdo y yo inmediatamente asiento.
Otra persona entra a la habitación, me hacen saber que no me pueden dejar sola, por la situación en la que me encuentro y no me importa, solo quiero a mi hijo. Cuando entran con el en brazos, yo Lo tomo con mucho cuidado, veo su rostro pálido y mi corazón se quiere detener, quiero morir igual que él, no quiero vivir más, no hay por quién vivir, ni para quien vivir, mi motor se ha ido y mi alma murió junto con él.
—Ahhhhh no quiero vivir, no quiero vivir si tú no estás conmigo, eres todo lo que tengo, eres mi todo, eras lo único que me hacía luchar, ahora no hay nada, nada más para mí.
—Señora cálmense
—No puedo, no puedo, mi hijo se fue, mi hijo era mi única compañía, mi única familia, mi hijo era mi todo y yo, yo puedo noo.
Los médicos me atendieron, me sedaron hasta que estuve mejor.
Después de aquel momento tan atroz, se llevaron a mi pequeño, me sedaron y un día después me dieron de alta, doña Tere fue quien me ayudó en ese momento tan doloroso, aún con sus problemas y ocupaciones se dio tiempo para ir por mi, como estuve en un hospital de gobierno no pague nada, solamente los gastos funerarios. Ahora mismo estoy velando el cuerpecito de mi hijo, sola lloro delate de su féretro.
No puedo tenerlo más tiempo aquí, así es que hoy mismo lo tenemos que ir a dejar al ….. ahhh no puedo carajo, no puedo ni imaginarlo.
—Monse..
Limpio un poco mis lágrimas, pero no volteo, es doña Tere quien me llama.
—Dígame
—Te buscan.
Al escuchar eso yo volteo sin comprender lo que dice, pero cuando giro completamente me encuentro a Daniel a la puerta, su cara refleja dolor, me mira con lastima, pero no dice nada, yo lloro con más fuerza, porque mi amiga y yo perdimos a nuestros hijos casi al mismo tiempo.
Daniel camina hasta estar frente a mi, sigue sin decir nada, pero me abraza y yo no puedo evitar llorar entre sus brazos, me hacía tanta falta la presencia de algún conocido y tal vez Daniel ha sido duro conmigo y no soy santo de su devoción, pero también ha sido bueno conmigo.
—Monserrat no sé qué decir.
—No digas nada.
Así nos quedamos un largo rato, después el se aparta de mí, hablamos de lo que sucederá en una par de horas y él se va
Cuando llegó la hora de salir con rumbo al panteón, El trabajador de Daniel qué me trajo mis cosas el otro día, llega y me ayuda a bajar al ataúd de mi hijo, abajo está una camioneta de Daniel, el hombre sube el féretro a la parte de atrás y me indica que yo suba también, doña Tere y su familia salen y suben también a la camioneta.
Ya en el panteón.
Cuando ponen el último puño de tierra sobre la tumba de mi hijo, alguien me toma del hombro, yo volteo y es Ana, mi amiga, mi única amiga y quién está sufriendo un dolor similar al mío, lloramos abrazadas por largo rato, cuando nos separamos, solo estamos ella y yo y Daniel a lo lejos en su auto.
—Vamos Monse, tienes que descansar.
—Gracias por venir amiga, gracias por tu compañía.
—No tienes nada que agradecer.
—Cuando pueda te visitaré y….
—De ninguna manera, tu te irás ahora mismo conmigo, nunca tuviste que salir de mi casa, tal vez si…..
—No digas tonterías Ana, lo que pasó nada tuvo que ver con estar en tu casa o no.
—Nunca me van a sacar de la cabeza qué tal vez por ayudarme aquel día, murió tu bebé Monse.
—Jamás vuelvas a decir eso por favor, nada tiene que ver una cosa con otra.
—Por favor, vuelve a la casa , volvamos a empezar juntas amiga, ambas perdimos, pero ambas nos levantaremos, tenemos dos angelitos en el cielo que serán nuestros motivos para seguir luchando.
El tiempo pasó tan rápido.
Después de aquello volví a su casa, procure recuperarme prontamente, me levanté después de haber deseado morir y hoy por hoy estoy tranquila, feliz aunque con un vacío, pero ese nunca se va a llenar, pero aprendí a vivir con ellos, ahora que ya pasaron varios meses puedo decir que hay paz en mi corazón y me alegra mucho saber que Ana también está mejor, el dolor de la perdida se fue o por lo menos ha menguado.
—¡¡¡MONSE!!! ¡¡¡MONSE!!!
Mi amiga grita como loca por toda la casa, yo corro a su encuentro para saber que pasa.
—¿QUÉ PASA?
—¡MONSE! ¡¡¡ ESTOY EMBARAZADA!!!!