Su salvador

1063 Words
Una vez más Dara se sentía humillada, pero aún así no se dejaría derrumbar, lavó su cuerpo y siguió con su trabajo, para su sorpresa está noche tenía muchos clientes, los cuales morían por estar con ella. —Dale muñequita, despójate de absolutamente todo —dijo un hombre gordo lamiendo sus labios. Dara hizo lo que aquel hombre le pidió, después de todo ese era el destino que le había tocado. En casa, Leonardo hablaba con su hermano quien le daba una gran noticia, él volvería muy pronto, Teresa al igual que Leonardo estaban felices, hace varios meses su hermano había partido a un viaje de negocios. —Bueno hermanito, entonces prepararé todo para tu regreso, y no olvides no quiero seguir metiendo la manos en la empresa, eso es asunto tuyo —dijo Leonardo. —Jaja, lo sé, te prometo que volveré mañana, y tú volverás a tu casa con Dios —dijo Benjamín con una enorme carcajada. Desde que Leonardo tomó la decisión que ser sacerdote, a Benjamín no le quedó de otra que hacerse a cargo de la empresa, la cual se había ido abajo en apenas unos meses, solo que una buena inversión para él, pudo volver a llevar a su empresa a la cúspide Leonardo colgó la llamada y por alguna extraña razón sentía que debía salir a la calle, a pesar de la hora, tomó su saco, dejó un beso en la frente de su madre que ya dormía y salió a la calle. Dara quien estaba agotada lavó su cuerpo, se puso su ropa la cual dejaba muy poco a la imaginación. —¡Ya terminé mi turno! —dijo Dara abriendo la puerta del italiano, quien alzó su mirada y dejó salir una mueca de desagrado. Por supuesto que le gustaba el dinero, y sabía muy bien que Dara era su estrella principal, pero odiaba que ella entregará su cuerpo noche tras noche a distintos hombres y no ser él quien la tuviera toda la noche para él. —¡Lárgate!, ah, espero que mañana llegues más temprano, tengo unos muy buenos amigos que desean verte —bufo el italiano. Dara rodó sus ojos, aún no entendía como un club de mala muerte tuviera tantos clientes con tanto dinero. Aún así Dara tomó su cartera, la puso sobre su pecho y salió por las frías calles, sin dejar de pensar que su vida empezaría a cambiar gracias a Teresa y Leonardo. “ Leonardo” pensó con un leve suspiro, y se recrimino por pensar en él como un hombre y no como un sacerdote. En fin, él solo sería su salvador y nada más, pues ella se prometió nunca más volverse a enamorar. Dara siguió caminando hacia su casa, pues debía organizar lo pico que tenía para ir a casa de Teresa. En un callejón estaba Oliver, esperando que aquella mujer volviera a salir, él era su sombra, pues así se lo habían ordenado. Y también quería cobrarle la cicatriz que llevaba en su cara. Oliver observó como Dara cruzaba por la calle, así que sin llamar su atención la siguió sigilosamente. Dara miro hacia atrás y no vio a nadie, «son impresiones mías» dijo y siguió su camino. Los pasos de Oliver se hicieron más rápido a medida que Dara caminaba, solo que está vez las órdenes de su jefe eran llevar a Dara a una bodega, pues el hombre que le hizo tanto daño muy pronto volvería y la quería tener doblegada ante el. Dara volvió a mirar hacia atrás y está vez vio que no estaba sola, y que justo aquel hombre iba detrás de ella. —¿Acaso no me piensa dejar tranquila? —grito Dara echándose a correr. Oliver sin dudarlo sacó su arma y dejó escapar un tiro, sabía que ella se detendría. Leonardo quien caminaba cerca escuchó el disparo, así que sin pensarlo corrió hacia donde provenía el disparo. Al llegar vio como un hombre tomaba del cabello a una mujer y la arrastraba por el suelo. Sin dudarlo Leonardo corrió y tomó aquel hombre del saco y lo tiró lejos. A él nunca le gustó las injusticias, además no le gustaba golpear a las personas, pero odiaba que golpearan a las mujeres. Oliver se puso de pie y apuntó hacia donde estaba Leonardo, quien tenía sus ojos de par en par al ver quien era la mujer a quien golpeaban. —¡Dara! ¿Estás bien? —preguntó Leonardo, con miles de cosas en su cabeza, aún no entendía por qué aquel hombre golpeaba a Dara, o qué hacía ella a esas altas horas en la calle. —Sí padre, estoy bien —dijo Dara muerta de los nervios. —¿Qué te pasa maldito loco?, ¿Acaso quieres que te maten? —bufo Oliver mientras apuntaba a Leonardo. —¡Padre! —grito Dara. Leonardo vio la cara de pánico de Dara, así que se giró, y sin importar que aquel hombre le apuntara lo tomó del cuello y lo tiró de nuevo al piso. Oliver vio que se trataba de un sacerdote, así que dudo sin disparar o no, pero tampoco podía dejar que Dara se escapara, sus órdenes eran llevarla con él, y si no cumplía las órdenes sería hombre muerto. Así que no se dejaría intimidar por un sacerdote, se limpió la boca la escasa sangre que había salido por su boca y nuevamente se colocó de pie. —¿Qué creyó curita? ¿Qué me iba a detener?, no, pues no. Además está zorra me pertenece, mire lo que me hizo y usted cpmo sacerdote debería saber que una zorra no vale la pena como para perder la vida —dijo Oliver. Dara se pegó más a Leonardo, y tomó de su brazo, no quería que por su culpa le pasará algo al hombre que le tendió la mano, nunca se lo perdonaría. —¡Padre! Por favor váyase Ese hombre es muy peligroso, y usted no podrá hacer absolutamente nada —dijo Dara en forma de súplica. —¡Ya escucho padrecito! La zorra viene conmigo. Así que le aconsejo que se vaya y haga de cuenta que aquí no pasó nada. Leonardo dejó salir una sonrisa, hace mucho que no peleaba, nunca le gustó, pero ahora se trataba de salvar la vida de aquella mujer indefensa, e incluso la suya.
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