La mañana para Dara no había sido fácil, por un lado la culpa que sentía por besar a Leonardo, y por el otro estaba Benjamín, ahora sí estaba totalmente en una encrucijada.
—Niña ya deja esa cara —habló Teresa sacando de sus pensamientos a Dara, quien movió su cabeza rápidamente.
—Disculpa señora, solo que vi de mal humor al señor Leonardo, nunca lo había visto de esa manera —dijo Dara mientras llevaba un bocado de fruta a su boca.
—No te preocupes por él hija, ya se le pasará —respondió Teresa con tranquilidad, pero por dentro sabía que su hijo no estaba bien, hace mucho no lo veía de esa manera.
Leonardo no había querido salir durante toda la mañana del cuarto de oración, había gritado, y había maldecido, pero todo tenía justificación, una llamada, lo había hecho volver a su pasado, ese al que había prometido no volver.
Dara levanto los platos, y caminó hacia la cocina, y con sus manos algo torpe dejó caer todo en el fregadero, llevó una de sus manos a la cabeza, y una vez más, dejó salir un suspiro por Leonardo.
—¡Por lo visto todavía no me olvidas! —dijo Benjamín sacándola de sus pensamientos.
Dara abrió sus ojos como platos, y quiso salir de ahí como alma que lleva el diablo, solo que Benjamín la tomó de brazo haciendo que ella se detuviera.
—¡Suéltame! —dijo Dará mirándolo fijamente a los ojos.
—No, eres mía, y vas hacer lo que yo te diga, es más en este momento vendrás conmigo —dijo jalándola con mucha más fuerza.
Los ojos de Dara se llenaron de terror, estaba segura que si sabía de ahí sería mujer muerta, ya Benjamín ya lo había intentado una vez.
—¡Yo no pienso ir con usted a ningún lado! —exclamó ella, tratando de soltarse de su agarre.
—Si lo dices por mi mamita puedes estar tranquila, ella en este momento está con mi hermanito, es más le dije que te llevaría a dar un paseo, así que vamos.
Por más que Dara intentará resistirse Benjamín la llevó hasta su auto, dónde puso el pie en el acelerador. El pecho de Dara subía y bajaba, y más al mirar en donde estaban.
—¿Qué hacemos aquí? —dijo ella la verdad que estaban estacionados en frente del club.
—No te lo imagines muñequita, vas a trabajar para mí, y por supuesto seguirás bajo el poder de tu jefe —exclamó Benjamín.
—Ni loca voy a seguir bailando —dijo ella, mientras en su cabeza, se lo había prometido a Leonardo, y no quería romper esa promesa.
—Tu harás lo que yo te diga, y por supuesto que no bailaras, tu serás la encargada de entretener a mi amigos —dijo mirándola fijamente.
Dara llevó sus manos a la puerta del auto, la abrió y quiso salir corriendo, pero se detuvo al ver a la persona que nunca imaginó en frente de ella.
—¡Tía! —vociferó al ver a Leah.
—Hola sobrinita, ¿acaso no te da gusto volver a verme? —dijo Leah.
—Lo sabía, tú estabas aliada con este imbécil —dijo Dara con lágrimas en sus ojos, volver a verla era como si encima de ella cayera un balde de agua fría.
—Tu increíble tía será la encargada de vigilarte, aquí y en la casa. —Benjamín tomó del brazo a Dara y la llevó casi arrastras al club.
Benjamín llevó a Dara al uno de los camerinos para que se cambiara no sin antes amenazarla con acabarla en este momento.
Dara no pudo contener más las lágrimas, pero aún así, se puso su mejor vestido, maquilló su rostro con tonos fuertes, y aplicó algo de loción sobre su cuello.
—¡Muévete niña!, ya llegaron los empresarios, y no se te olvide que tienes que ser muy condescendiente con ellos —dijo Leah jalando del cabello de Dara.
—¡Es mejor que me sueltes! O juro que no respondo —exclamó Dara, mirándola fijamente por el espejo.
—¡Vaya!, así que quieres sacar las garras!, pues te advierto una cosa niña tonta, me hiciste pasar por muchas cosas, me robaste el amor de mi hombre, y te juro que esto solo es un abre bocas para todo lo que se te viene —vociferó Leah.
—¿Si lo dices por el imbécil de Benjamín?, puedes quedártelo, pero ni creas que voy a dejar que me trates como un trapo sucio —dijo Dara tomando la monos de Leah para que la soltara.
—Pero niña qué dices, si tú no eres un trapo sucio, ¿Acaso no te das cuenta que solo eres una basura? —dijo Leah, tomando con mucha más fuerza el cabello de Dara.
—¡Es mejor que la suelte señora!, o de lo contrario hablaré con Benjamín, el trato era que ella volviera para que mi club siguiera surgiendo, no golpearla y enviarla con los clientes totalmente golpeada —dijo el italiano llegando hasta donde estaban Leah y Dara.
Leah soltó a Dara y caminó hacia la puerta, mientras el italiano se acercó a Dara, llevando una de sus manos al rostro de Dara, quien lo observó atentamente.
—¡Vamos! Es hora que empieces a trabajar muñequita —dijo el italiano, Dara asintió y salió de ahí como alma en pena, no era la primera vez que lo hacía y por lo visto no iba hacer la última.
El salón estaba más lleno que nunca, para Dara y para varias de las chicas era nuevo ver tantos hombres de elegantes en el club, pero aún así puso su mejor sonrisa y caminó hacia uno de ellos, justo el que estaba al lado de Benjamin.
Aquel hombre llevó mis manos al cuello y aflojó su corbata al ver justo a Dara en frente de él, era hermosa de eso no había dudas.
—¡Siéntate en mis piernas muñequita! —dijo lamiendo sus labios.
Benjamín quien estaba al lado se sintió enfurecer, estaba seguro que no sentía nada por ella, pero al ver cómo uno de sus posibles socios la besaba desesperadamente, hizo que estuviera a punto de explotar.