Benjamín empaco todo en una valija, y aunque le dio miles de excusas a Teresa ella terminó por quedarse, después de todo ella no podía irse, ella seguía siendo la socia mayoritaria.
La desesperación de Benjamín iba en aumento, todo se podía ir abajo si Dara tenía en sus manos esos documentos, ahora sí estaba perdido, verdaderamente perdido.
Las dos horas en el avión para Benjamín fueron eternas, ahora solo faltaba llegar a casa, pero a la suya, si no a la de que un día fue de Dara.
Leah y Oliver ya esperaban por él, él mismo pidió que los dos estuvieran ahí. Benjamín descargó sus valijas y fue directo a la biblioteca.
—¿Se puede saber qué diablos pasó en mi ausencia?, por qué no logro entender que ustedes par de ineptos, me sigan dando problemas y no sean capaces de controlar a una simple mujer —gritó Benjamín, mientras entraba a la biblioteca.
Leah, sonrió al menos tenía algo de su propia medicina, después de todo ella no sabía si seguía de su parte o simplemente volvería a estar al lado de su sobrina, claro está, a cambio de una buena cantidad de dinero.
—¿Y a ti qué diablos te pasó? —dijo Benjamín al verle la cara llena de moretones.
—Esto, jajaja, esto se lo debo al padrecito. Y quiero dejarle en claro que mi paciencia se está acabando, no estoy dispuesto a dejarme golpear de nuevo por él —exclamó Oliver firmemente. Su mirada denotaba irá, la cual se estaba incrementando.
—Te lo advierto maldito desgraciado imbécil, tu le llegas a colocar un dedo encima a mi hermano, y juro que te mato. —Las palabras de Oliver hicieron que Benjamín enfureciera, por supuesto que no iba a dejar que nadie tocara a su hermano.
Para Benjamín, Leonardo era intocable, lo amaba, y no dejaría que nadie lo lastimara. Benjamín tomó fuertemente de la camisa de Oliver y lo levantó de la silla en la cual se encontraba sentado
—Jaja, vamos a ver si sigue pensando de esa manera después de que le muestre lo que su hermano hace con su esposa, o mejor dicho, cómo es que su hermano predica la palabra con la señora Dara —dijo Oliver sin quitarle la mirada de encima.
Leah, se reía a grandes carcajadas, en verdad le gustaba que ese par estuvieran apunto de matarse, o al menos eso era lo que deseaba más que nada en la vida.
—¿De qué diablos estás hablando? Si mi hermano ayudó a Dara, es por qué él siente la necesidad, por si no se ha dado cuenta él es un sacerdote —dijo Benjamín ya exasperado por escuchar las estupideces de Oliver.
—Vaya que el padrecito resultó ser un buen samaritano, tanto que el es el nuevo amante de Dara, o debo decir mujer —hablo con bastante arrogancia Oliver
Benjamín no aguanto más, y le tiró un fuerte puño en el rostro a Oliver, no permitiría que nadie se esperara mal de Leonardo.
—Si no me crees mira las fotos que le tome, ya estoy harto de todo esto, no tengo lo que un día me prometiste —gritó Oliver.
—Si estás harto, ya sabes dónde está la puerta, largo, yo no te prometí absolutamente nada —dijo Benjamín mientras tomaba el celular.
—Claro que si, me prometiste a ella, me dijiste que ella iba hacer para mí, y nunca has cumplido, yo he sido tu perro fiel, y aún no veo mi recompensa. Mira como tengo mi rostro, fue por culpa de esa maldita, y así te atreves a golpearme, cuando lo único que he hecho es seguir tus órdenes —dijo Oliver limpiando su labio inferior del cual salía sangre.
Benjamín miraba atentamente el celular, sus ojos se abrieron de par en par, ¿Acaso era una broma?. Benjamín movió su cabeza repetidas veces, Leonardo, su hermano del alma no podía hacerle eso, y mucho menos la zorra de su mujer.
—¿Cuándo fue esto maldita sea? —grito Benjamín mientras tiraba todo lo que tenía a su rededor lejos.
—Eso fue ayer. Ahora sí por fin me darás la razón —vociferó Oliver con una sonrisa enorme en su rostro, pues la cara de Benjamín parecía todo un poema, verlo hecho una furia para Leah, y Oliver era realmente reconfortante.
Benjamín, camino de lado a lado, tiró el celular lejos, y antes que aumentará más su ira fue al escritorio, se le había pasado revisar, ahora solo faltaba que ella se hubiera llevado los documentos.
Benjamín camino rápidamente, sus pasos eran largos y pesados, llenos de irá, de miedos, esos documentos no podían desaparecer del aquel lugar. Benjamín abrió uno de los cajones y por más que busco no encontró absolutamente nada.
Oliver y Leah, miraban con preocupación a Benjamín, quien sacaba cajones como loco y tiraba todo lejos.
—Maldición, maldita sea, ¡Leah! Ahora por tu maldita culpa estoy en manos de tu querida sobrina, ¿Por qué no la detuviste? —dijo mientras la miraba con sus ojos apunto de salirse de su rostro, si querían ver al diablo ensillado, pues lo estaban viendo en ese momento en vivo y en directo
—Jajaj, ¿Entonces lo que dijo mi sobrina es cierto? Y tú solo me diste unas cuantas migajas —exclamó Leah.
—¡Tu cállate maldita loca!, te di lo que merecías. Me pusiste un precio y eso fue lo que te di, ahora no vengas con reclamos —grito Benjamín, mientras estaba que acababa con todo a su paso.
—Esto no se queda así, me prometiste la mitad si te ayudaba con mi sobrina, me prometiste amor, y ahora sales con un chorro de mentiras. Te advierto si no me das todo lo que me corresponde voy hablar, y a ti no te conviene que yo hablé —dijo Leah, para después salir de ahí azotando la puerta.
Benjamín ahora no tenía tiempo para estupideces, pero estaba seguro que le iba a dar su merecido
—¡Oliver!, ¿Quiero que vayas en este momento por esa zorra?, no me importa lo que tengas que hacer, la quiero aquí hoy mismo, ah una caída más, asegúrate de traer los documentos, si no traes nada es mejor que ni te aparezcas. Y tan pronto tenga aquí a la zorra con los documentos te juro que será tuya, es mi última palabra —dijo Benjamín totalmente desencajado.