Oliver trago saliva, y no pudo evitar esbozar una sonrisa, vaya que iba a disfrutar cuando le viera la cara a Benjamín.
—En cuanto a si son buenas o no las noticias, creo que es hora que vuelvas y soluciones unas cuantas cositas con tu mujercita —dijo Oliver.
—Mira inepto, bien sabes que ni puedo volver, así que dime en este momento que es lo que está pasando —vociferó Benjamín.
—Entonces me temo que va a tener que dejar lo que está haciendo, por qué su mujer se me salió de control, digamos que el padrecito le está ayudando, y mucho —dijo con tono irónico.
Benjamín echó chispas, pareciera que todos quisieran arruinarle el día, los problemas con su empresa iban de mal en peor, y ni siquiera tener a su madre en la junta directiva le había servido.
Había pospuesto tocar el dinero que le había quitado a Dara, pero ahora era hora que ella por fin terminara de firmar absolutamente todo, y así el asociar las empresas, y de paso volver a lo que era antes, el empresario más reconocido del país.
Oliver, espero un buen rato a qué Leonardo se fuera junto con Dara, ahora solo tenía una sola misión, y era hablar con Benjamin. Él se fue hasta su auto, y volvió a la ciudad, ahora solo faltaba que Benjamín volviera.
Mientras tanto, Leonardo daba vueltas y vueltas en su habitación, su cabeza y corazón estaba pasando por un gran dilema. Dara le había dicho que en la cena hablaría con el, que le diría toda la verdad, pero que para ello, necesitaba pruebas, mostrarle documentos, unos documentos que le abrirán los ojos a él, y a su madre, solo que para ello, ella debía ir a donde vivía antes.
Dara respiro profundo, saco la llave de su bolsa eh ingreso, nunca pensó que tendría que pisar la que alguna vez fue su casa como una ladrona, así se sentía. Saber que en esa casa guardaba los mejores recuerdos de su niñez, incluso las dos mejores noches que vivió junto al hombre que prometió bajarle las estrellas.
Pero no había tiempo para quedarse ahí parada, ella debía ir a la biblioteca y sacar todos los documentos, se lo había prometido a Leonardo, y desde ahora ella hablaría con la verdad, solo con la verdad.
Afortunadamente Benjamín no había sacado los documentos, y todos absolutamente todos seguían ahí, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro, aparte de mostrarle los documentos a Leonardo, también le servirían para demostrar que no estaba loca, o en su defecto muerta.
Dara metió los documentos rápidamente en su bolsa, y salió de la biblioteca.
—¡Hola sobrinita! —dijo Leah, detrás de Dara, quien se giró de inmediato al escuchar la voz de su tía.
—Por qué será que no me sorprende verte en mi casa —dijo Dara, mientras rodeaba a Leah, aún no entendía el cinismo de su tía, siempre fingió el amor por ella.
—¿Y tú esposo sabes que estás aquí?, me imagino que no se lo has dicho absolutamente nada —dijo ella.
—Lo que no entiendo es ¿Por qué no corres y le dices?, vaya que no me sorprende que todavía sigas arrastrandote por unas pocas migajas de dinero. ¿Sabías que lo que te dio fue demasiado poco para todo lo que Benjamín me quito?, ah, y no creas que vas a recibir un poco del resto que queda —dijo Dara firmemente.
Leah, estaba apunto de echar chispas por boca y nariz, nada de lo que decía Dara podía ser cierto.
—¡Eso es mentira!, ya no queda más más, adicional todo lo tuyo se perdió —dijo Leah.
—Pero falta ser estúpida, o te falta neuronas, nada se perdió, ¿No te preguntas por qué sigo con vida?, ¿O por qué Benjamín no ha hecho nada más en mi contra?, ¿O por qué desde que me encontró no me ha hecho absolutamente nada?, te lo dejo de tarea tiita —dijo Dara caminando hacia la salida.
En su mente sólo quería salir de ahí, vaya que así haya sido por escasos minutos, se sentía orgullosa de haber sido la mujer que nunca debió dejar de ser.
Pero por ahora debía salir rápido de ahí, no podía exponerse tanto, al menos no hasta hablar con Leonardo.
—¿A dónde crees que vas niñita?, me tienes que decir toda la verdad, nada de lo que dices puede ser cierto —dijo Leah, interponiéndose al frente de Dara.
—¿Quieres saber la verdad?, pues ya lo dije. Ahora bien, ¿me gustaría saber cuál es tu precio?, no me abra lo ojos tiita, si, ¿Dime cuál es tu precio? Por qué te juro que voy a recuperarlo absolutamente todo, y tú te vas a quedar viendo un chispero, ah, no, se me olvida que ya lo estás viendo. —Dara jalo de su brazo y siguió caminando.
Sabía que tarde o temprano tendría una respuesta por lado de su tía, solo esperaba que fuera la correcta, si las cosas salían como las estaba pensando, necesitaría todas las pruebas y personas a su favor, después de todo se iba a enfrentar al mismísimo lucifer.
Las dudas de Leah se hicieron más grandes, si, Benjamín le había dado una buena suma de dinero, y también le había permitido quedarse en esa casa por el tiempo que ella quisiera, pero ahora no estaba segura que Benjamín le hubiera dado lo que según ella le correspondería, así que tomó su teléfono y marcó a Benjamín, debía salir de la duda, después de todo, ya no había nada más que perder.
—¡Y ahora que quieres maldita loca! —dijo Benjamín, había tenido un día bastante malo, y lo último que quería era escuchar a personas indeseables.
—Vaya, esa es la manera de contestarme, aún cuando tengo noticias de mi sobrina —dijo ella.
—¿Y ahora que diablos paso, primero me llama el inepto de Oliver, exigiendo que tengo que regresar, y ahora también tu maldita loca —dijo ya exasperado.
—Como quieras, no tengo la culpa de tu maldito mal genio, solo llame para decirte que ya se que no me diste lo que me corresponde, ¡y te exijo que me entregues el resto! —dijo ella, mientras al otro lado de la línea una risa sarcástica salía de la boca de Benjamin.
—Vaya que si estás loca, te di lo que te correspondía; que te lo hayas gastado no es mi problema, lo que no entiendo es de donde sacaste esas absurdas ideas y si esa era las noticias que me tenías, pierdes tu tiempo —vociferó Benjamín.
—Entonces mi sobrina no dijo la verdad, por qué déjame decirte que ahora que ella estuvo en la casa, me dijo todo lo contrario —exclamó Leah. La sonrisa de Benjamin se desdibujó de su rostro, Dara no podía colocar un pie en esa casa.
—¿Dime qué Dara no entro en la biblioteca? —grito Benjamín al otro lado de la línea.
—Lamento mucho decepcionarte, pero ví como mi sobrina salía de la biblioteca, ah, y llevaba una enorme sonrisa en su rostro —dijo Leah.
Benjamín tiró el teléfono lejos, ahora más que nunca debía volver al país, y cuánto antes mucho mejor.