Acercamiento

1037 Words
Dara alzó su mirada y vio la mirada de lujuria en los ojos de Oliver, pero ni loca se dejaría, no nuevamente. —¡Es mejor que la suelte Oliver!, o de lo contrario Benjamín te hará ver tu suerte —dijo Leah, mirando a Oliver fijamente. —¿Desde cuándo yo debo hacer lo que una basura como usted me diga —dijo Oliver soltando a Dara. —Desde que Benjamín envió a que fuera con él, y me pidió que sea yo quien lleve a mi sobrina. ¡Dara! Es mejor que subas al auto —dijo Leah. Dara los miro a mis dos, y no pudo evitar sentirse asqueada, al mismo tiempo que se sentía entre la espada y la pared. Ella caminó hacia el auto, mientras Oliver maldijo por qué una vez más, Dara había escapado de sus manos. —¡Ponte el cinturón! —exclamó Leah. —Si piensas que te voy agradecer, estás equivocada —dijo Leah mirándola por el retrovisor. —Jajaja, yo de ti nunca esperaré absolutamente nada, es más, solo espero que todo esto termine —dijo Leah, mientras detenía el auto y miraba de frente a su sobrina. —Creo que no va ser posible tiita, por qué te juro que tarde que temprano te voy hacer pagar una a una, cada lágrima que por tu culpa derrame, ah, y espero y aproveches lo que me robaron, por qué, ¿Qué crees?, no va a ser por mucho tiempo —vociferó Dara, mientras bajaba del auto. Para Dara era preferible caminar, a tener que aguantar a la persona en que confío por tanto tiempo, la cual la traicionó. Los pasos de Dara eran suaves, todo absolutamente todo le estaba saliendo mal, pero había una pequeña luz y era Leonardo, si, debía hablar con el. Para Leonardo no había sido un día fácil, la llamada de Adriana lo había desenfocado, pero eso no lo haría perder su rumbo, dejó un beso en la frente de su madre y salió de nuevo a su único lugar sagrado, su cuarto de oración. Dara quien acaba de llegar, encontró a Teresa bastante preocupada, y pidió a Dara que fuese con Leonardo, tal vez a ella sí le diría que le estaba pasando. Dara asintió, y salió hacia la pequeña habitación que Teresa había mandado hacer para Leonardo. Dara acerco su cabeza y vio que la puerta estaba entreabierta, así que entró suavemente, caminó lentamente hasta estar cerca del altar. Dara lo miro fijamente, y no pudo evitar morder su labio inferior, “Dios” ¿Que le estaba pasando?, ella movió su cabeza rápidamente, no podía seguir adelante con esos pensamientos. —¡Padre! —dijo casi en un susurro, Leonardo se giró al escuchar la voz melodiosa de Dara, solo para quedar a escasos centímetros de ella. —¡Disculpe padre!, no quería interrumpir, pero… —Dara no pudo terminar de hablar, para ella iba hacer más difícil de lo que pensaba estar cerca del padre y más después del beso. —No interrumpes nada Dara, ¿Dónde estuviste todo el día?, mi madre dijo que saliste con mi hermano, ¿ A dónde te llevo? —pregunto Leonardo mirándola fijamente a los ojos. Las piernas de Dara se convirtieron en una completa gelatina, su respiración empezó a subir y bajar desmesuradamente, tanto que el aire de sus pulmones amenazaba con abandonarla por completo. Dara no revistió estar tan cerca de Leonardo, era mejor salir de ahí y cuánto antes mucho mejor. Dara se giró, con tan mala suerte que su pie se doblo eh hizo que Dara arquera su cuerpo apunto de caerse Leonardo estiró sus brazos alcanzando a tomarla en sus brazos, una se sus manos la sujetó fuertemente de la cintura, haciendo que una fuerte corriente, recorriera desde la punta de sus pies hasta su médula espinal. Leonardo la miró fijamente, Dios» cómo le iba hacer para resistirse a ella, su olor, sus labios, y esa piel suave y tersa que lo invitaban a tomarla en ese lugar. —¡Padre! Yo… No debo estar aquí —dijo Dara, sin poder controlar su labio inferior, «Dios», esto se iba a convertir en una completa tortuga. —Disculpa Dara, ¿Está bien? —preguntó Leonardo, mientras ayudaba a Dara a recomponer su postura. —Auuh —bufo Dara al colocar su pie al piso, Leonardo la miró con preocupación, y volvió a tomarla en sus brazos. —Creo que te lastimaste, mejor te llevo a tu habitación —dijo Leonardo. Dara enredo sus manos en el cuello de Leonardo, quien estaba apunto de colapsar por la cercanía de Dara, estaba seguro que lo de la noche anterior no debía repetirse, no ahora. Leonardo suspiro profundo antes de colocar a Dara sobre la cama, su pecho palpitaba a mil por segundos, era como si tuviera un caballo desbocado apunto de irse a un precipicio Dara lo miro fijamente, ella al igual que Leonardo, estaban librando una poderosa batalla, ella movió su cabeza, y lo siguió con la mirada, mientras él con cuidado miraba su pie. —Padre!, créeme estoy bien —dijo ella, acercándose un poco a él, sus labios quedaron escasos centímetros, ella suspiro, mientras Leonardo llevó la yema de sus dedos sobre sus mejillas, y las bajo lentamente. —Está bien, es mejor que me vaya —dijo Leonardo mientras tragaba saliva. —¡Espere padre! Necesito hablar con usted, por favor —dijo ella, era hora de hablar, de no callar absolutamente nada. Benjamín quien miraba desde la puerta, empuñó sus manos al ver a su hermano y a su esposa tan cerca, de no ser por qué Leonardo es sacerdote Benjamín juraría que los dos estaban enamorados. Pero por otro lado no podía permitir que Dara hablara con su hermano, sea lo que sea, él no iba a permitir que los dos hablaran. —Vaya hermano, hasta te encuentro —dijo Benjamín, mientras su mirada se clavaba en Dara, quien se llenó de terror al ver que él estaba justo en frente de ellos. Después de unas palabras, Leonardo salió de la habitación de Dara, mientras Benjamín se quedó ahí, rodeándola como cazador a su presa.
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