Capítulo 2: Un nuevo día
Ya basta, solo tenía que olvidar ese acontecimiento y ya está.
Solo era... un hombre muy llamativo, con el que tuve una conexión de lo más extraña que me revolvió todo el cuerpo y aun no comprendía por qué.
Me sentía jodidamente sensible y el palpito entre mis piernas era como un fuego ardiente que no se me calmaba con nada. Quedaba aun esa sensación intensa de querer devolverme y saltarle encima a ese desconocido.
¿Pero qué pasaba conmigo?
Yo no era así.
Solo tenía que terminar irme, solo irme y ya.
Empecé a caminar por la ciudad de Nueva York, y fui hacia el gimnasio, ya casi se acercaba mi hora y no quería llegar tarde. Empecé con la cinta de correr y después hacia las maquinas, los muslos me temblaban con evidente fatiga, y sabía que apenas caería en la cama me dormiría en un santiamén de lo cansada que estaba.
—Excelente trabajo el de hoy, Bella.
El entrenador Jeferson se me acerca, es joven, delgado pero con mucha musculatura, tiene altones ojos marrones y algunas espinillas en el rostro, pero eso no lo hace menos atractivo con sus espesas pestañas.
—Gracias. —suspiré— Necesitaba drenar energía.
De esa forma no llegaría restregándome contra mi vibrador al llegar pensando en un completo desconocido que apenas vi hoy.
—Tienes un don natural, Bella. ¿qué te parecería practicar kickboxing? En esta ciudad, saber defensa personal es muy importante, ¿o tal vez Krav Maga? ¿sabes lo que es?
Medio sabía lo que era.
Afirmé con la cabeza.
—Me interesa.
—Yo lo enseño —dijo—, y me encantaría enseñarte. Aquí tienes mi tarjeta, doy clases fuera del gym.
—Excelente, gracias Jeferson, nos vemos.
—Cuidate, Bella.
Me sonrió y yo me fui de ahí sintiendo que me seguía con la mirada, no sabía si su amabilidad era porque intentaba ligar o qué, pero a mi solo me interesaban las clases.
Cuando por fin llegué al apartamento olía a vainilla con canela, junto con una suave música de Adele. Ahí estaba Nicolas cocinando; la cocina era su especialidad, tenía una botella de vino abierta sobre la encimera y dos copas, una de ellas con un poco de vino tinto que me imaginaba iba tomando para entrar en ambiente.
—Hola, hola —dije cuando me acerqué a él—. ¿Qué estás cocinando? ¿Me da tiempo a darme un baño?
Me sirvió un poco de vino en la otra copa y me sonrió, todo de él era elegancia pura, a pesar de haber venido de un lugar humilde y de traumas de la infancia.
—Carne, rica y deliciosa carne con distintas salsas —dijo—. Bañate, te da tiempo mientras termino la cena. ¿Qué tal tu día hoy?
Turbio, aun no sacaba a ese hombre de mi cabeza.
—Bien, excelente. —dije, y le hablé acerca de las clases que me comentó Jeferson, él dijo que no quería asistir porque no quería golpes en su cuerpo; Nicolas era modelo y trabajaba con eso, no podía arriesgarse, pero que me acompañaría a ver que tal, para asegurarse de que tipo no quisiera sobrepasarse.
Giré los ojos.
—No exageres.
—No lo hago —dijo Nicolas, sacando dos platos—, eres una mujer sexy y hermosa. Desconfiaría de un entrenador que te sugiere estas cosas.
Le miré arrugando la nariz.
Nicolas me terminó de servir, ni siquiera me bañé, me entretuve demasiado hablando, me senté.
—¿Por qué estás preocupada? —dijo analizando mi cara.
Fruncí los labios y tomé mi tenedor.
—Creo que hoy me he topado con el hombre más atractivo que he visto en mi vida —dijo.
—Me vas a poner celoso, creí que hablabas de mí —giró los ojos.
Le observé cuando se sentó para comer y me reí un poco cuando evidentemente el chisme lo llamaba y continuó diciendo:
—¿Alto o bajo? ¿Rubio o moreno? Detalles, quiero detalles.
—Alto. Moreno. Fornido. Ojos azules. Parece sacado de una revista y olía... —me voz se perdió porque solo recordarlo me hizo calentar toda otra vez.
¿Por qué no lo superaba? Es que la atracción fue diferente, no fue normal... para nada.
—¿Y qué pasó después? ¿hablaron? ¿te pidió el numero?
—No.
—¿Y no pasó más nada? —dijo.
Negué con la cabeza.
—Solo me fui.
—¿Qué? ¿Y no coqueteaste con él? —replicó.
No podía ni respirar, por favor... mucho menos iba a poder coquetear, apenas supe hablar si enredarme, la impresión fue mucha.
—No era la clase de hombre con el que se puede coquetear, si lo vieras me entenderías. —dije.
—Por favor —dijo girando los ojos.
—En serio, era peligroso, no lo sé, me dio algo de miedo.
—Uhm, ya comprendo —dijo Nicolas—. Los chicos peligrosos malos son divertidos para follar, nada más.
Él sabía de eso tenía muchos hombres y mujeres detrás de él. Aun así, siempre se las arreglaba para elegir a los menos convenientes. Había salido con acosadores, estafadores y amantes que le amenazaban con suicidarse por él, ah claro, y casados que le ocultaban sus esposas.
A mi no me parecía nada divertido si me lo volvía a encontrar, creo que más bien correría despavorida y gritaría por ayuda.
Era... atemorizante.
Como prefería quitarme a aquel hombre de la cabeza, cambié de tema a su trabajo y él comenzó a decirme de los casting y promociones que estaba haciendo con las r************* como gran influencer.
Después de comer me fui a dormir, solo quería que este día acabara y que ese hombre dejara de atormentar mis pensamientos.
A la mañana siguiente empujé la puerta giratoria para entrar al vestíbulo del edificio donde iba a empezar mi jornada laboral. Como era mi primer día y quería causar la mejor de las impresiones, había ido con un lindo vestido elegante a juego con unos zapatos de tacón. Llevaba mi pelo recogido con pequeños pendientes, que cualquiera que me viera me confundiría como una alta mujer de sociedad tal vez, uhm, me había arreglado demasiado, pero nunca más volvería a venir con ropa deportiva como ayer porque podía encontrarme con hombres guapos y mujeres elegantes que te miraban sobre el hombro, no quería desentonar.
Los dos guardias de seguridad no me detuvieron esta vez cuando les mostré mi tarjeta de identificación. Me subí al ascensor y al llegar a mi piso saludé con una leve sonrisa al personal.
Estaba determinada a que sería un buen día.
Caminé por pasillo y fui a dar a un espacio antes abierto y ahora dividido en cubículos. Uno de ellos era el mío y a él me dirigí directamente. Dejé mi bolso y encendí la computadora para empezar a trabajar. Había llevado algunas cosas para personalizar mi espacio de trabajo, y las saqué adornando un poco. Una era un collage de tres fotografías enmarcado: Nicolas y yo en la Playa, mi madre, mi padre de servicio en su auto policial en California. El otro objeto era un vistoso arreglo de flores de cristal que Nicolas me había dado aquella misma mañana como regalo de «primer día».
Todo hermoso.
Iba a ser un buen día.
—Buenos días, Bella Grecy —dijo mi jefe, me puse de pie para saludarlo.
—Buenos días, señor Teller.
—Llámame Pablo, por favor. Acompáñame a mi oficina —dijo—, quiero mostrarte algunas cosas.
Lo seguí gustosa por los alrededores.
Le seguí por el pasillo, pensando una vez más que mi nuevo jefe era agradable a la vista, una belleza madura de ojos marrones y barba blanca sin cabello, pero con una sonrisa de lo más guapa, daba un aire de seguridad en sí mismo que inspiraba confianza y respeto.
Tomé asiento frente a su escritorio y él se acomodó también.
Se echó hacia atrás y sonrió.
—¿Ya estás instalada?
—Prácticamente —respondí—. Aún me quedan algunas cosas por arreglar.
—Bueno... éste es tu primer día y vas a ser mi ayudante primera, así que iremos organizándonos sobre la marcha. —dijo— te pasaré unos documentos.
—Excelente, ya quiero iniciar.
—Me gusta tu actitud, quiero que trabajes a gusto aquí Bella. ¿Tomas café?
—Por supuesto, sin café no vivo.
Sonrió.
—Ah, eres una ayudante de las que me gustan —dijo—. No voy a pedir que me traigas el café, pero no me importaría que me ayudaras a entender cómo funciona la máquina de café que acaban de ponernos en la sala de descanso.
—Sí, claro —respondí, con una sonrisa.
Volví a mi puesto de trabajo e hice lo que me ordenó, Pablo se puso en contacto con dos clientes y tuvo una larga reunión con el equipo de creativos para trabajar en varias ideas para una universidad.
Ya era casi la hora de salir cuando recibí una llamada.
—Oficina de Pablo Teller, le habla Bella Grecy a su orden.
—Apurate en salir, vamos por unas copas —me dijo Nicolas.
Me reí girando los ojos.
—Vale, ya salgo. —dije.
Apagué el ordenador y me fui rápidamente de mi primer día de la empresa, iba bien, me gustaba. Cuando llegué a los ascensores, saqué el teléfono para mandar una nota de voz rápida a Nicolas y avisarle que ya iba por bajar cuando de repente el ascensor se detuvo frente a mí, estaba concentrada en el botón de enviar, cuando se abrieron las puertas, alcé la vista para entrar al ascensor cuando me quedé fue congelada al ver quien era el único ocupante.
El hombre desconocido cuyo ojos azules me dejaron calenturienta toda la noche.