V. 90 dias para olvidarte

2368 Words
Capítulo 5   KIARA CRAFT   O eso creí. Menos mal no fue así. La moto frenó justo antes de aplastarle la cabeza con la rueda, me levanté bruscamente casi perdiendo el equilibrio con las muletas y lo miré en estado de shock. «Maldición Kiara, eres tan delicada como un rastrillo». —Vicencio ¿Estás bien? —dije presa del pánico, es decir no iba a dejar que me besara, pero tampoco tenía que asesinar al famoso fotógrafo por intentarlo al mal interpretar mis señales. Eso estaba muy mal. —Sí, es… —comenzó a decir Vicencio levantándose del suelo y aplaudiendo sus manos para limpiarlas de la suciedad de la calle. —Devi stare sttento —dijo el sujeto de la moto, ese traía un traje n***o y había alzado la ventanilla del vidrio de su casco únicamente para mirar mejor en medio de la noche si Vicencio se encontraba bien. No sabía italiano, pero eso había sonado como un regaño para que tuviera cuidado de no causar un accidente. —Scusate —respondió Vicencio haciéndole una seña con su mano en forma de disculpa, y el sujeto de la moto volvió a acomodarse su casco para poder irse calle abajo. Creo que aun estaba con las manos temblorosas del casi asesinato que había cometido. Qué horror. —¿Estas bien? Lo siento, realmente no quería… no pensé, todo fue muy rápido —sentía que me enredaba con las palabras al ver como Vicencio comenzaba a recuperar el color en su piel y tomó asiento en la banca donde estábamos sentados antes para poder recuperar el aliento. Si esa moto hubiera tenido los frenos malos o hubiera estado distraído, en este instante Vicencio estaría con el cráneo aplastado porque lo habían atropellado por mi culpa. Solo pensarlo me hacía palidecer. —Tu calmada que no pasó nada —dijo Vicencio ofreciéndome una ligera sonrisa tranquilizadora, realmente no entendía como era que no se había enojado si casi causaba su muerte. «Basta Kiara, eso no pasó gracias a Dios, así que cálmate». —Aun así, lo siento —solté un suspiro pasando una mano por mis ojos donde unas lágrimas se habían escapado, me sentía patética. —Fue mi culpa —dijo ilógicamente echándose la culpa a él mismo—, no debí intentar besarte, es que me dejé llevar. Bueno, en eso tenía razón, no debió intentar besarme, pero aun así… —Perdón por darte la impresión de interés, yo… —tomé una profunda respiración y dije lo que debí decirle en un principio: — estoy casada. Vicencio se rio como si hubiera dicho algo gracioso y al ver que yo no me reía sus ojos se ampliaron y su boca formó lo que parecía ser una perfecta “O” de asombro. —¿Casada? —repitió sin poder creer tal barbaridad. —Sí —relamí mis labios, aun a mí se me hacía difícil creerlo porque desde que Ángelo y yo nos casamos, nunca hubo exactamente una relación de matrimonio, de hecho, creo que, en sí, nosotros nunca tuvimos una relación, sino algo parecido a un cariño por obligación y yo solo me cree un mundo de fantasía donde nos habíamos enamorado e íbamos a ser felices por siempre… Pero no fue así, posiblemente lo creí porque mi enamoramiento me había cegado. Solo fuimos una especie de “casi algo” donde me ilusioné como toda una estúpida creyendo que avanzaríamos al siguiente nivel. «No Kiara, basta, no vas a desmoronarte ahora». Las ganas de llorar siempre parecían estar presentes, pero alguien debía de llamarme estúpida por creer que un papel lo ataría a mí. —¿Y dónde está tu esposo? —preguntó Vicencio con cierto interés porque de seguro comenzó a sumar los cabos sueltos y se dio cuenta que desde que me conoció había estado sola y triste. —Bueno —solté un suspiro—, no lo sé. ¿Qué estaría haciendo Ángelo ahora? ¿habría notado mi ausencia? —Eso me dice que tu matrimonio no es feliz —continuó Vicencio. Claro, para cualquiera que prestara un poco de atención, era más que evidente. —No exactamente —confesé. Vicencio pareció pensarlo por un momento e indagó: —¿Estás aquí de vacaciones o estás aquí para alejarte? Apreté los labios, creo que ya había confesado demasiadas cosas a un chico que apenas había acabado de conocer, no quería seguir jugando a la esposa cachúa que le vieron la cara de estúpida; quería fingir no ser eso. —Cuéntame de ti —dije cambiando el tema deliberadamente—, ¿Qué haces para divertirte en Italia? Vicencio pareció entender que no quería seguir hablando de eso, así que me siguió la corriente levantándose y extendiéndome una mano para decir: —Ven, te lo mostraré. Solté una ligera carcajada tomando su mano y levantándome como si fuera a salir corriendo con él a una aventura, pero por desgracia se me olvidó que mi pierna estaba enyesada y casi soy yo la que se va de boca a la calle, Vicencio me sujetó con fuerza antes de que me cayera y ambos nos reímos. Que desastre. La emoción del momento me nubló la mente. Tomé mis muletas y lo seguí hacia un lugar cercano donde alquilaban motos, Vicencio alquiló una y nos montamos para recorrer las ciudades de Italia iluminadas las distintas luces y monumentos, las personas trascurriendo las calles en parejas como si el amor se respirara en el aire, me recosté de la espalda de Vicencio dejando que el aire me removiera el pelo donde no me cubría el casco, por un momento me permití fingir que era él… por patético que pudiera sonar, me permití pensar que Ángelo quiso simplemente llevarme de paseo y ambos estábamos juntos, enamorados… porque aún lo quería, aunque ponía en duda de que fuera a volver por mí. Realmente no valía la pena estar enamorado de alguien que le daba igual estar contigo o no, que prefería buscar en otro lado lo que tu tenías para ofrecerle multiplicado por infinito, tal vez era que consideraba que yo no era suficiente para él, tal vez no me creía lo suficientemente bonita o sensual, tal vez… «Basta, ya basta». Genial, ahora estaba hecha un mar de lágrimas, no iba a quitarme el casco, no quería que Vicencio viera que era tan patética como un gobierno dictador que finge que el pueblo lo ama.  Nos dirigimos a un parque donde estaba adornado con muchas flores de diferentes colores, había muchos jardines bien cuidados y algunas personas tomándose fotos en las zonas permitidas. Vicencio subió hasta la cima de una pequeña montana dejando la moto ahí y bajándose, yo me preparé para bajarme, pero evidentemente necesitaba su ayuda, sin embargo, él negó con la cabeza. —Quiero tomarte una foto aquí, es el ángulo perfecto para que la luz ilumine tus rasgos y las flores románticas hagan contraste con la rebeldía de la moto —me explicó como si yo entendiera el arte de su trabajo. No lo entendía, pero había sonado bastante bien. —Quitate el casco —me pidió. Dudé, pero finalmente le hice caso limpiando rápidamente mis mejillas donde ya tenía las lágrimas algo secas, Vicencio me vio, pero si notó que había estado llorando no lo demostró, solo sacó su teléfono y bajó un poco por la zona prohibida del jardín para acomodarse y buscar un buen ángulo. —Recuestate un poco hacia atrás —dijo sin quitar su concentración de la pantalla del teléfono, le hice caso pero la moto se movió un poco hacia adelantate y solté un pequeño grito del susto. —¡Tengo miedo! —grité. —¡No seas cobarde! —gritó—, ¡vamos, a la cuenta de tres! Me eché poco a poco hacia atrás, pero como no, la moto volvió a moverse. —¡Tres! —gritó por fin tomando la bendita foto. —¡No sabes contar! —dije intentando volver a enderezarme, pero la moto pareció agarrar más impulso y de súbito se deslizó hacia adelante agarrando velocidad a medida que bajaba, comencé a gritar como una loca tomando el manubrio sin poder detenerla porque no podía ni siquiera tocar el suelo con mi pierna buena ni mucho menos con mi pierna enyesada. —¡No puedo frenar! —grité desesperada. —¡Aprieta el botón! —gritó Vicencio intentando correr hacia mí. Apreté el botón frenando en seco, pero a la velocidad que iba y a la inclinación hizo que la parte de atrás se alzara y di vueltas cayendo en algún lugar del jardín de espaldas mientras la moto cayó por otro lugar —para mi suerte— lejos de mí. —Merda —dijo llegando a mi lado—, ¿estás bien? Comencé a reírme, al principio poco, pero luego cada vez más fuerte, al menos no me dolía nada. —¿Lo hacemos otra vez? —dije sin parar de reír quitándome el pelo de la cara, Vicencio soltó una carcajada incrédula como si midiera si me había dado un golpe en la cabeza y me había vuelto loca. ¿Cuánto tiempo tenía sin reírme tanto y divertirme de esta manera? Muchísimo. Creo que desde ese día que dejé a Ángelo fue la primera vez que comencé a reírme y a ver que sí podía existir una vida sin él. Supe entonces que, si tuve 90 días para conquistarlo, podía tener 90 días para olvidarlo… Y para olvidar a alguien había que dejar de verlo, al menos un tiempo, así que en cuanto pudiera lo bloquearía de mis r************* , asi tendría salud mental.   ANGELO WERNER   Salí de la comisaria después de pagar la fianza de casi 10 mil dólares, estaba tan enojado que no me provocaba hablar, únicamente quería golpear cosas, soltar mi mal genio, así que al llegar a casa me coloqué los guantes y comencé a golpear la bolsa de boxeo, descargándome, sintiendo que no podía ser más miserable, no podía estar tranquilo, lo peor era que no podía hacer nada porque no podía salir del país en un plazo de 24 horas por la penalización del gran espectáculo que hice en el aeropuerto de golpear a un policía. Iba a volverme loco. Pero no podía hacer nada más. Dejé los guantes de boxeo en el suelo, el sudor se escurría de mi frente y de mi cuerpo, estaba completamente agotado y frustrado. Me di una ducha con agua fría y luego sintiéndome intranquilo me puse a deambular por la casa, hasta ahora me daba cuenta de que ni siquiera sentía la diferencia, porque a pesar de que vivíamos juntos, casi no nos veíamos, pero ahora de que era consciente de que no estaba y posiblemente no iba volver, me hacía sentir jodidamente solo y triste. «Eres un hijo de puta Ángelo». «¿Por eso fue tan fácil dejarme, Kiara?»  Ahora lo veía claramente, me había comportado como todo un hijo de puta que simplemente la ignoró todos estos meses… primero la recuperación de la bala que recibí cuando la rescaté, después poniéndome al día con mi empresa y ahora que estaba estable… la había dejado demasiado de lado, la abandoné.  Solté un suspiro y entré a la habitación de Kiara, me había acostumbrado tanto a ella que nunca pensé que me iba a dejar, que iluso me sentía. Creí que ella a pesar de que había aprendido a ser independiente me necesitaba en su vida, que estábamos bien conviviendo y planeando la boda, pero algo se había perdido, tal vez era el hecho de que sabía que siempre iba a estar conmigo, lo único que esperaba era poder follar, por eso aguardaba tanto la boda, quería respetarla y tener algo bueno que disfrutar en nuestra verdadera luna de miel. Pero ahora todo se había destruido en cuestión de segundos frente a mis ojos. Me había dejado porque creía algo que no era. Observé las cosas que había dejado en su habitación, se había llevado su laptop y algunas prendas de ropa, estos meses transcurridos nos habíamos comportado como dos extraños, muchas veces ni siquiera sabía si ella estaba en casa o no, no hacíamos cosas juntos, ni siquiera me di cuenta de que todo se moría poco a poco… Maldita sea, ella no iba a volver. Si yo fuera ella, yo mismo me dejaría. Tomé una de sus libretas sobre la mesa, sabía que ahí escribía sus ideas para sus novelas como fragmentos de pensamientos que anotaba cuando no estaba cerca de su computadora, mis ojos se deslizaron por lo que parecía ser un escrito de amor: Cada vez que pienso en ti, solo puedo imaginar lo inmensamente feliz que soy a tu lado, nunca había tenido un sentimiento tan puro como el que siento por ti, con tus 10 mil defectos tienes 1 millón de cualidades y eso es lo que amo, que me enamoras en cada sentido, que lo eres todo, justo tienes todo lo que busco. Ángelo & Kiara 4ever.   Vi la fecha, había sido escrito hacia 1 semana atrás, pasé la página y el cuaderno estaba escrito con frases hermosas dirigidas hacia mí, pasé una mano por mi mejilla. Maldición, ¿estaba llorando? Estaba llorando. Algo histórico pocas veces eran las que lloraba. Tomé el teléfono que había mandado a comprar hace poco y me metí en su i********:, puede que ahí ella pudiera contestarme los mensajes porque ahora no tenía su número, busqué su nombre y fruncí el ceño al ver que no me aparecía, busqué otra vez y otra vez… pero luego fue que entendí… Me había bloqueado. Salí hacia la sala sintiendo el enojo volver a mi cabeza y golpeé la pared haciéndole un hoyo, ¡¿POR QUÉ SE LE HABIA OCURRIDO BLOQUEARME?! «No quiere saber nada de ti». Me estaba haciendo ghosting. Uno de mis agentes vino a ver probablemente si todo estaba bien con el arma en la mano. «Tranquilo idiota, solo soy yo, siendo yo». —Henri, llama a la aerolínea —le ordené— voy a comprar un avión privado. No podía esperar más, iba a enloquecer, solo necesitaba buscar a Kiara ahora.
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