Por fin llego el día de partir, el día mas ansioso de mi vida, porque este era el real, no cuando supuestamente me casaría, me siento un poco triste, al alejarme de mi familia, jamás lo había hecho por tanto tiempo, pero se que pronto volveré, vienen todos al aeropuerto a despedirme y eso me hace sentir con mas nostalgia aun, aunque si que sabes como darme ánimos, tanto que la policía del aeropuerto tuvo que venir a calmar a todos, porque la risa y el escándalo se escuchaba hasta el último rincón.
Cuando hacen la llamada de mi vuelo por los altavoces, todos cambian sus gestos, algunos comenzaron a llorar, otros prefirieron callar y mi madre me abraza con tanto fervor que puedo sentirlo hasta en los huesos, y me dice que todo estará bien, y que no me preocupe por mas nadie que no sea yo, me despido de todos y todos a su vez de mi y me dan la bendición correspondiente digna de mi hermoso país México; siento un nudo en la garganta, nunca hubiese creído hace unos años atrás que este día llegaría, pero tengo que ser valiente y fuerte, todo sea por un propósito.
Al subir al avión, sentía tantos sentimientos encontrados, llevaba todo conmigo, hasta la primera cuchara que mi abuela me regalo cuando comencé a agarrar amor por la comida, pero también llevaba conmigo la carta que me dio mi padre y realmente la atesorare con toda mi alma y mi corazón, esas palabras me harán que jamas olvide mis raíces y a mi gente, claro aunque no la lleve igual nunca los olvidaré, gracias a ellos soy lo que soy.
Durante el largo viaje en avión, largo como para durar 10 horas y un poco mas de vuelo, conocí a una muy buena persona, quien estaba sentada a mi lado, bueno un poco alocada y poco ordenada, realmente me causaba mucha gracia su forma de ser, era una mujer pequeña, cabello rubio, teñido obviamente, y su vestimenta era algo inusual, pero realmente me gustaba su estilo; llevaba puesto unos grandes audífonos, y yo pensaba que seguramente escuchaba musica rockera y ese tipo de música ideal para sus características, pero para mi sorpresa la chica se colocaba sus audífonos solo a propósito, pues jamas escuchaba nada, y lo hacia primero para llamar su atención y segundo para escuchar conversaciones ajenas.
El nombre de aquella chica era Anahys, quien se presentó conmigo con mucha amabilidad, era Mexicana al igual que yo, pero vivía desde hace muchos años en Madrid, lugar donde seria mi nuevo hogar, su presentación me causó impresión pues comenzó a charlarme de su vida, como si fuésemos amigas desde hace mucho tiempo atrás, tenía 28 años, mucho menor que yo, pero la vida la había golpeado fuertemente, pues cuando era una adolescente sus padres fallecieron en un terrible accidente automovilístico en México y su abuela Paterna, la llevó consigo a Madrid, España a vivir con ella.
Anahys me contaba que era una chica ambiciosa, y muy competitiva, su estilo y su forma de ser era para hacer una coraza y así no se aprovecharan de ella, pero que en realidad era una persona muy callada y le apasionaba la musica clásica, pero tenían por Hobbe cocinar, cuando Anahys me dijo esto sentí inmediatamente que sería una oportunidad para mi el haberla conocido, pues lleva tantos años viviendo en España que de seguro conocería los mejores restaurantes de la zona.