Alanna. Estaba en la habitación de Dorian, acostada y sin una prenda que cubriera mis partes más íntimas. Todavía me daba vergüenza que él me viera de esa forma, ya que no apartaba sus ojos y me analizaba como si yo fuera una escultura. Se acomodó y puso mis piernas en cada extremo para que quedaran abiertas ante él. Yo no podía hablar por la tembladera en mis labios. —Probemos algo nuevo... —avisó, mirando mi entrepierna. —¿Q-qué vas a hacer? Recordar el sueño que tuve solo alteraba más los latidos de mi corazón. ¿Sería igual de excitante en la vida real? ¿Cómo se sentiría su lengua ahí abajo? No pude seguir pensando. Dorian puso su lengua encima de mis labios vaginales, provocando una sensación electrizante que me hizo estremecer. —¡D-Dorian! —chillé, colocando mis manos sobre su

