Alanna. Al final no pude escapar y tuve que esperar la llegada de la noche. No comí nada desde que Kayn me secuestró, y mi cuerpo entero ya estaba presentando debilidad por la misma razón. Tomar una siesta no era una posibilidad. Lo único que me alumbraba era un pequeño foco encima de mí, en el techo de esa celda. Mis muñecas y tobillos dolían a más no poder, y por mucho que intentara transformarme en ese estado, no lo conseguía. ¿Cómo existía ese tipo de magia? ¿Era Kayn el que la tenía o se trataba de alguien más? Tal vez la manada usaba esa celda desde mucho antes de su llegada. —¡Alanna! Ya estoy aquí —Su voz me estremeció. Las llaves resonaron y abrieron la puerta, dejándome con una agria sensación en el estómago. Era repugnante saber que ese hombre planeaba abusar de mí. Me a

