Dorian. Mi madre logró convencerme de que llevara a Alanna conmigo para que conociera a la manada. Ella había decidido irse de imprevisto porque la necesitaban allá. —¿Tu madre ya se fue? —cuestionó la castaña—. Pensé que se iría contigo en dos días. Se estaba haciendo la loca. Mamá me había dicho que ella sabía que existía la pequeña posibilidad de que yo decidiera llevarla conmigo. —Iremos juntos, espero no te moleste. —¡¿De verdad vas a llevarme?! —exclamó, sorprendida y aguantando un chillido—. Dime, ¿estás bien? ¿No tienes fiebre? Se acercó a mí para llevar una mano a mi frente y comprobarlo. Negué con la cabeza, esa chica me empezaba a volver loco porque se comportaba como una niña caprichosa, pero ver su sonrisa era algo que me llenaba de paz. —No digas tonterías. Por otro l

