Laia. Desperté alterada y con el corazón a mil. Tanto fue mi asombro y preocupación que Zoé también se terminó despertando toda asustada. —¿Qué sucede? ¿Laia? —Miró en todas direcciones, con la voz ronca. Restregó sus ojos y yo no tuve tiempo de hacer lo mismo cuando ya me había salido de la cama en dirección al baño. Era de día, por lo que planeaba ir a buscar a Caleb y asegurarme de que estuviera bien, pero primero fui a cepillarme los dientes y ponerme una ropa decente, ya que llevaba una piyama donde se me notaban los pezones. —Tengo que salvarlo... —murmuré para mí misma. Mis emociones estaban hechas un lío porque sentía la necesidad descomunal de salvar a Caleb por sobre todas las cosas. Fue un impulso desconocido que me motivaba. —¡¿Laia?! Me tienes asustada, ¿qué fue lo qu

