—Mi amor, ¿por qué vienes tan golpeado? Ya basta Ángel, tienes que parar con todo esto. No quiero perderte—asienta Inmaculada con desesperación y se abraza con fuerza a su pecho. —No me perderás cariño. —Tan solo mírate, ¿quién fue el desalmado que te golpeó tan fuerte? —Mi padre. —¿Cómo, no estaba muerto? —No, volvió y viene por venganza. —¡Rayos! Si ya volvió, que se ocupe él de su legado, y te deje en paz. —No será fácil zafarme de él, mi padre es terrible. —Me asustas. —No quiero que te inquietes, yo manejaré la situación. Tendré el control de todo. —Es desesperante vivir así. En medio de tantos sobresaltos, no es justo para ninguno de los dos. —No te asustes cariño, te prometo que nada malo nos pasará. Se atemoriza Inmaculada y se llena velozmente de temores, comienza a cu

