Merybeth tenía ojos tan grandes, y estaban clavados en esa silueta masculina a su lado, ella tomó la almohada, deseaba ahogarlo con ella, deseaba aplastarlo como a una mosca, pero luego respiró profundo «No iré a la cárcel por este imbécil» pensó celosa Merybeth soltó la almohada y fue a vestirse, a lavarse el rostro y la boca, solo quería irse de ahí, ahora no quería volver a ver a Sean Hyland. Sean despertó unos minutos después, se irguió y miró alrededor —¡Merybeth! —exclamó, pero no la encontró, luego fue al cuarto de baño y por toda la casa—. ¿Se fue y no me avisó? ¡Ay, por qué me sorprendo! ¡Merybeth, Merybeth! Es una loca —sentenció Luego volvió a la habitación, miró su teléfono móvil, leyó el mensaje de Anne —Anne, ya debo ir a deshacerme de ti, a partir de hoy entre nosot

