El mismo día Bagdad Sara Los enemigos son peligrosos, sí, pero más lo es cuando la traición viene de tu propia sangre. Esa que sonríe contigo en la mesa, que comparte tu pan y tu techo, y aun así es la primera en clavar el cuchillo cuando bajas la guardia. Es un veneno lento, invisible, porque no llega de frente: se arrastra en silencio, se esconde en gestos cotidianos, en consejos disfrazados de afecto. La peor amenaza no es la que marcha contra ti con la espada en alto, sino la que se sienta a tu lado con la mirada dócil, esperando el momento de exponerte. Quien te odia, al menos no finge. Pero cuando la traición proviene de los tuyos, ya no hay certeza, ya no hay suelo firme donde apoyar los pies. Por eso aprende a vivir con los ojos abiertos y los oídos atentos, sin confiar en el

