Tres días después Bagdad Yassir Dicen que el amor nos vuelve frágiles, temerosos y muchas veces vivimos con el corazón pendiendo de un hilo, pero también estamos en llamas, suspirando, sintiendo dragones en el estómago y en medio de esa combinación extraña todo tiene sentido. El cuerpo es terremoto y el alma se siente completa, tanto que nos convertimos en adictos de su presencia como un veneno mortal que recorre nuestro ser entero del que necesitamos para vivir día a día. Y no soy la excepción, porque desde que está Sara en mi vida me he vuelto adicto de sus miradas, preso de sus labios, esclavo de sus palabras y terriblemente vulnerable. Al punto de sentirme como un niño asustado si llego a perderla. Aun así, me esfuerzo por no presionarla, por controlar este miedo que me corroe cada

