DARKO Se pone rígida y está temblando de miedo. Joder, sé que soy un hombre malo, un monstruo que ha caminado por el infierno, pero me recorre un escalofrío al notar que me tiene miedo. Miedo de mí. Miedo de lo que soy capaz de hacerle en esta habitación sagrada. Y francamente, tiene toda la razón. No estoy completamente en control de mí mismo; la deseo con una intensidad que me está quemando las entrañas. Debería retirarme, debería salir de aquí y dejarla con sus rezos, pero la forma en que tiembla debajo de mí es embriagante, un néctar que me nubla el juicio. No puedo evitarlo. Me muevo contra ella, apenas un roce, un movimiento que podría ser negable pero que es sórdido, oscuro y... ella rueda sus caderas. Su cuello se ha teñido de un rosa pecaminoso. Una certeza eléctrica recorre m

