Federico me agarró de la muñeca apenas me di la vuelta. Al instante me sorprendió su acción repentina y torcí el brazo. -¡Duele! -De todos modos tengo que decirle a tu padre cómo estás. Así que sé honesta conmigo. ¿Lo hiciste con el duque o no? Estaba a punto de sacar mi brazo de su agarre, pero al escuchar sus palabras me detuve. Lo miré con los ojos muy abiertos por la incredulidad. -Dijiste que viniste como amigo... Dijiste que no pensabas en mí de esa manera. Miré cómo sus cejas se movieron lentamente. Sin soltar mi muñeca, puso los ojos en blanco con delicadeza y me dedicó una sonrisa amistosa. -Hago esto porque somos amigos. Es mejor hablar de estos temas con tu hermano. -Enviaré una carta directamente a mi padre diciendo que estoy bien. Así que por favor, déjame ir. -Tu pad

