Me recordé a mí misma el día que llegué al Ducado, incapaz de hacer otra cosa que vestir linda a pesar de las críticas que recibí por ello. Cloe, temblando con el jarrón a sus pies. Para aquellos fuera de las murallas de la ciudad, Noah era conocido como un hijo ilegítimo, maldito por Dios, un demonio y un asesino. Enderecé mi brazo que estaba escondido detrás de mi espalda. Mantuve mis puños cerrados temblando. -Disculpa, Federico. -¿Qué? -Insultaste a mi esposo, el señor de Newton. ¿Qué sabes de él? Federico quedó estupefacto. -Juliet, ¿cómo puedes...? Nos conocíamos desde hace 10 años. Siempre me mantuve con la cabeza gacha, llorando y temblando de miedo mientras aceptaba cada una de las palabras despreciables de las demás personas, simplemente por no ser una noble de sangre p

