Hay situaciones que se repiten en nuestras vidas, y aunque a veces piensas que todo será igual, siempre hay algún detalle mínimo que las diferencia. No necesariamente para hacerlas mejor, sino todo lo contrario. Termino mi trabajo administrativo, tomo mi cartera y salgo a esperar el bus. Ya han pasado diez minutos, es hora de que pase. Veo el reloj, es hora de estar allá. Tendré que tomar un taxi. Pido el servicio de Uber. Localizan uno cerca, a apenas dos minutos. Llega el chófer. Se detiene, subo al auto; en cinco minutos estoy frente a la entrada. El vigilante me reconoce. –¿A casa del señor Arriechi, cierto?– me interroga. –Sí, gracias– le respondo. Abre el portón peatonal, entro y camino hasta su casa. Toco la puerta. Enseguida abre. –Te estaba esperando. –Disculpe el bus no p

