XIIApareciósele muy temprano la figura arrancada á un cuadro de Fra Angélico, por otro nombre doña Pura, quien le acometió con el arma cortante de su displicencia, agravada por la mala noche que un dolorcillo de muelas le hizo pasar. «Ea, despejarme el comedor. Ve á lavarte á mi cuarto, que tenemos precisión de barrer aquí. Lárgate pronto si no quieres que te llenemos de polvo». Apoyaba esta admonición, de una manera más persuasiva, la segunda Miau, que se presentó escoba en mano. —No se enfade usted, mamá. (Á doña Pura le cargaba mucho que su yerno la llamase mamá.) Desde que está usted hecha una potentada, no se la puede aguantar. ¡Qué manera de tratar á este infeliz! —Eso es, búrlate... Es lo que te faltaba para acabar de conquistarnos. ¡Y que tienes el don de la oportunidad! Siempre

