XVEn los días subsiguientes, Pura saldó algunas cuentas de las que más la agobiaban; trajo á casa diversas prendas de ropa de las más indispensables, y en la mesa restableció el trato de los días felices. La pudorosa Ofelia se pasaba las horas muertas en la cocina, pues insensiblemente iba tomando afición al arte de Vatel, tan distinto ¡María Santísima! del de Rossini, y sentía verdadero goce espiritual en perfeccionarse en él, lanzándose á inventar ó componer algún plato. Cuando había provisiones, ó, si se quiere, asunto artístico, la inspiración se encendía en ella, y trabajaba con ahinco, entonando á media voz por añeja costumbre y con afinación perfecta, algún tiernísimo fragmento, como el moriamo insieme, ah! sí, moriamo... Todas las noches que las Miaus no iban á la ópera, la sala l

