XVIII

2579 Words

XVIIILa mísera Abelarda andaba tan desmejoradilla, que su madre y su tía la creyeron enferma y hablaron de llamar al médico. No obstante, continuaba haciendo la vida ordinaria, trabajando, durante muchas horas del día, en transformaciones y arreglos de vestidos. Usaba un maniquí de mimbres, trashumante del gabinete al comedor, y que al anochecer parecía una persona, la cuarta Miau, ó el espectro de alguno de la familia que venía del otro mundo á visitar á su progenie. Sobre aquel molde probaba la insignificante sus cortes y hechuras, que eran bastante graciosas. Á la sazón traía entre manos un vestido con retazos de cachemir que prestaron ya dos servicios y había sido vuelto del revés y lo de arriba abajo. Se les añadía, para combinar, una telucha de á peseta. Semejantes componendas eran f

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