El silencio después de la confesión de Dante fue insoportable. La tormenta seguía golpeando los ventanales del hotel mientras ambos permanecían acostados sobre lados opuestos de la cama, inmóviles, respirando demasiado lento. Valentina todavía sentía esas palabras atravesándole el cuerpo. “Porque lo vi besarte como llevo semanas imaginando hacerlo yo.” Dios. Giró apenas la cabeza hacia él en la oscuridad. —Dante… Él cerró los ojos un instante antes de responder. —Olvídalo. —No quiero olvidarlo. Eso hizo que Dante finalmente la mirara otra vez. Había cansancio en sus ojos y algo peor, vulnerabilidad, como si acabara de decir algo que llevaba demasiado tiempo guardándose. Valentina humedeció apenas sus labios antes de hablar. —Sebastian no significó nada. La mandíbula de Dante se

