CAPÍTULO SEIS Ella se paró frente a la puerta roja de la pequeña casa de Catonsville, en las afueras de Baltimore, y se arregló. Ensayó mentalmente las preguntas que iba a hacerle a la mujer del otro lado, pero mientras mantenía una conversación imaginaria, tuvo la repentina sensación de que alguien la observaba. No era nada nuevo, ni siquiera en esta ciudad desconocida. Esa sensación iba y venía desde hacía dos semanas, siempre pensaba que, si se daba la vuelta, habría una persona mirándola desde algún lugar. A través de un espacio entre cortinas, desde la ventanilla de un coche, tal vez delante de ella descaradamente, como un cazador observando a su presa. Durante todo el viaje a Baltimore, su impulso había sido sincerarse con la agente Ripley. El impulso se había intensificado cuando

