MINERVA:
Se llegó el día de la despedida, la noche anterior había salido con mis amigos, una mentira piadosa para mi papá y la ida al cine, terminaron por una rumba en la discoteca y bailar hasta las once de la noche. No ingerimos alcohol ya que debía estar sobria para mi hijo y para tomar el vuelo que la empresa pagó, tenía ya un pequeño loft que la empresa costeaba ya que según, Sebastián Jiménez, el vicepresidente de la compañía me había dicho que mis bocetos eran únicos y que estaban fascinados con mis dibujos, era una realidad el que yo, a mis 26 años, me convirtiera en la diseñadora de modas que había soñado siempre y más para una empresa de alto prestigio textil.
—Te voy a extrañar demasiado, mi pequeña niña—Exclama mi madre entre hipidos y a moco tendido.
—No llores mami, prometo llamar todos los días y que no le falte nada a León y a ti—la estampó hacia mi con un abrazo de oso.
—Mami, te amo. Regresa pronto ¿Si?—Con unas pequeñas lágrimas que corren en sus mejillas, mi hijo me abraza y entiende la situación, es un niño muy listo y maduro para su corta edad.
—Claro mi amorcito, pórtate bien y ya pronto estaremos juntitos de nuevo—. Le abrazo y le impregno un beso en su regordeta mejilla, dejándole la estampa con el color carmesí de mi labial.
Mi padre solamente nos observa, esta molesto pero entiende la situación, quiero independizarme y darle a León lo que merece. Entiendo que mi papá tiene miedo, miedo a quedarse solo pero también debe entender que mi hijo me necesita y que también necesitamos emigrar, soltar ese nido que nos ha tenido por tanto atados a la rutina, al constante temor de mi padre al que yo vuelva a equivocarme.
Siendo sincera, los años han pasado para mejor, en cuanto a mi aspecto físico antes de ser flacucha, pase a ser curvilínea, piernas y muslos torneados con más carne que antes, pechos más grandes y un trasero más grande a como era, no paso desapercibida ya que no se nota tan vulgar al medir 175cm, mi cabellera rubia como los rayos del sol, ojos azules y mi tez blanca rosa le dan ese toque bonito a mi ser. Quien me hubiese conocido antes jura que no me reconocería ahora. Todas esas medidas agrandadas igual que mis caderas, fueron producto del embarazo, esa dulce y dura espera de ver a mi rey, mi Leoncito.
Terminamos de despedirnos y espero a abordar el vuelo, veo como mis padres y mi hijo se alejan más y en eso bocean el vuelo a Madrid España, estoy emocionada que no hayo las horas de llegar a conocer la empresa, la ciudad y esperando el destino juegue a mi favor. Lo anhelo y lo deseo.
Viendo desde el avión despegar de suelo itálico, me remueve el sentimiento de separarme de mi hijo, de mis padres, mis amigos y de tantos recuerdos duros por que, a decir verdad, el amor que le tenía a Fabián, el padre de León, se esfumó como pólvora quemada, extinguido como incendio y es que me dolió demasiado que dijera que si me apoyaría y cuando quedó de llegar a casa, pasarán las horas y jamás llegará. Me humilló con mi padre al dejarme sola y cuando le llamé solo dijo “No puedo con esto Minerva, soy muy joven, perdón” y colgó. Nunca más supe de él.
Perderme entre las nubes había sido uno de los sueños que tenía, viajar y conocer países con León, crecer como diseñadora de modas y comprar una casa grande. ¿Pienso en hombres? La respuesta es no. No ha habido hombre que me arrugue el corazón de amor, si creo en el amor a primera vista porque sé que, no todos los hombres son Fabián.
(…)
Después de aterrizar en Madrid, un taxi me recogió y me llevó al loft que la empresa había puesto a mi disposición, entregándome el portero las llaves, quedé instalada en el tercer piso, loft 14. Es hermoso, no hay divisiones más que solo la habitación que queda arriba del living, comedor, cocina. Una amplia vista ya que el vitral del balcón es enorme, todo amoblado prolijamente ostentoso a comparación de mi humilde casa. El área de lavandería y baño que colindaban con el pequeño espacio de cocina y aparte el baño personal que era enorme, una tina grande, una regadera sofisticada y ¡Dios! León se hubiera vuelto loco. El tono café tierra era el plus del lugar ya que era clásico con sus muebles de cedro italiano, lo podría reconocer en cualquier parte del mundo. Me di una ducha, vi en el refrigerador que estaba abastecido con mucha comida y agradecí ese gesto, que una empresa me tratara así era algo surrealista pero, me estaba pasando a mi. Prepare algo sencillo ya que era solo yo y me dispuse a llamar a mi hijo, al primer timbre contestó mi madre.
—Minerva, que alegre que llames ¿Cómo estás? ¿Alguna novedad? Ya te extrañamos hija mía—. Con su voz quebrada y preocupada me deja un poco triste.
—No estés triste mami, estoy bien. El loft es maravilloso y me tenían comida en el refri así que, no te preocupes mami—. Tratando de calmarla, escucho como mi padre, en tono molesto le dice que deje de andar de llorona.
—Mami, no llores. No quiero que mi papá se moleste contigo. ¿Cómo está León?
—Esta bien hija, León está en el jardín jugando con Lucca. Esta bien hija ya comió, se ducho e hizo sus tareas. Todo está en orden no te preocupes y antes que se duerma prometo darle la computadora para que puedan hablar por video—me dice ya más tranquila y serena.
Terminó de hablar con ella y no puedo evitar sentirme así, con el corazón arrugadito.