–No quiero ir a una discoteca, lo lamento. –insiste Isabella. –Está bien, lo entendemos... dime dónde te dejo, no hay problema. –dice bajando un poco la velocidad mirando a su alrededor, asegurándose que nada a su alrededor represente algún peligro y una vez segura, se detiene. Es madre, y suele ser muy cautelosa. –Me puedes dejar aquí, está bien. Tomaré un taxi. –Dice Isabella también mirando a su alrededor. –Podemos esperar a que llegue el taxi por ti. La verdad no me siento segura dejándote a mitad de la calle, a mitad de la noche... es un poco extraño a decir verdad. –murmuró mirando lo desolado y oscuro que era todo a su alrededor. –Lana tiene razón, entre mujeres deberíamos cuidarnos, no te podemos dejar de aquí a media calle, es absurdo. No nos iremos hasta que tomes el taxi. –i

