Llegó el momento, me levanté y me asomé a la ventana de mi habitación que daba vista a la calle principal, mis amigos y yo quedamos en entrar a esas horas, ellos harían todo lo posible por estar frente a mi casa, sabía que sería un riesgo para todos nosotros pero ya había transcurrido un año y aún desconocía lo que había en esos frascos de vidrio. Allí afuera estaban esperando a mi señal, les dije que aguardaran unos minutos mientras revisaba la zona y me asegurara de que mi familia dormía, de que en el cuarto de las torturas no había nadie y así fue...parecía que la madrugada era perfecta y que no había más tiempo que perder, el ahora tenía nombre "un miércoles a la medianoche". Había salido de mi habitación, nadie en la sala, me acerqué a la puerta de aquel cuarto para poner mi oído y

